Al Mansur
Al Mansur, Almanzor, was the name by which Muḥammad ibn 'Abd-Allah ibn Abū ʿĀmir was known in Middle Age Spain. We have a tendency to forget that, regardless of which side he fought for, he was one of the greatest Generals and leaders of our Nation. Enough of artificially splitting Spain into two. Together we can build a great Nation.
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Líderes
Los grandes logros no vienen de aquella gente que supo descubrir la forma de llegar hasta un sitio, sino de aquellos que sintieron la necesidad de encontrarlo y se plantearon su existencia. Lo difícil no es trazar el camino sino decidir a dónde se quiere llegar porque, como decía Séneca, "ningún viento es favorable para el que no sabe a dónde va".
No necesitamos grandes líderes que nos digan cómo hacer las cosas. Para esa labor quedan otros. Los líderes que necesitamos son aquellos que nos definan qué cosas debemos hacer; cual es la meta. Puede parecer sencillo, pero no lo es. Es como una partida de ajedrez en la que los movimientos individuales tienen como única finalidad alcanzar una posición concreta de ventaja sobre el adversario. La dificultad de cada movimiento es, desde luego, difícilmente despreciable en la mayor parte de los casos. Sin embargo, puede llegar a convertirse en algo poco menos que mecánico en sí mismo. Puedo conseguir llegar a tal posición con una combinación de movimientos que, de alguna manera, condicionan los de mi rival. El mérito está, realmente, en que la posición alcanzada sea de verdadera ventaja para nosotros.
Dicho de otra manera; las paladas de los remeros son lo que hace que la embarcación se mueva en última instancia. Las paladas son importantes porque, sin ellas, no se mueve nada. Aún así, la figura clave de la navegación es el timonel. Su pericia en mantener el rumbo es la que consigue que la boga sea efectiva; esto es, que sirva para lo que se ha previsto. Tan importante como es, el timonel no hace más que seguir las instrucciones del capitán del barco que es, a la postre, el que sabe dónde quiere llevar la embarcación.
Hoy, el objetivo está claro. Sabemos el rumbo que tenemos que mantener. Por varias razones. Por un lado, porque tampoco tenemos tanto margen de maniobra a nivel nacional como para desviarnos significativamente de la ruta. Por otro, porque los peligros están tan claramente definidos que la dirección a seguir sólo puede ser aquella que nos aleje de ellos lo más rápidamente posible. No necesitamos, para esta travesía, a un gran capitán; hasta el último remero tiene razonablemente claro el peligro en que nos encontramos (aunque, desde su puesto de boga, tenga sólo una visión parcial del mismo) y la dirección general en la que encaminarse.
Lo que hoy nos hace falta es un timonel que sepa mantener el rumbo firme. No necesariamente en la dirección que nos aleje del peligro por el camino más corto, pero sí por el más efectivo. Por el que mejor consiga el objetivo. Necesitamos que los timoneles que se nos asignen tengan la mano firme y la mente ágil para sortear los imprevistos que vayan surgiendo.
Pero, puestos a pedir, ¿por qué no aprovechar las paladas para acercarnos a nuestros objetivos al tiempo que nos alejamos de los peligros? La talla de los grandes líderes se percibe en aquellos momentos en los que, acorralados y en desventaja, mostraron a sus timoneles un rumbo distinto del evidente para, en una sola maniobra, pasar de víctima a vencedor. Tenemos muchos ejemplos en la Historia de este tipo de liderazgo. Y los tenemos en todos los ámbitos de la vida; aunque aquí la metáfora parezca llevarnos al naval o al militar. Con eso, a la palada eficaz y al rumbo efectivo añadiremos la dirección eficiente.
Necesitamos cambiar muchas cosas. Las paladas no han sido siempre lo potentes, rítmicas y acompasadas que debían. El viento a favor de nuestra integración económica en Europa y de una economía guiada por intereses financieros cortoplacistas nos ha llevado a descuidar nuestro propio esfuerzo y a confiar en los elementos. Se han buscado atajos, se ha pretendido acortar plazos sin dar tiempo al tiempo.
El futuro está en un cambio de modelo, tanto productivo como laboral. Será más incómodo para muchos y supondrá retos periódicos de superación personal y profesional para alcanzar objetivos que, hasta ahora, considerábamos un derecho casi de nacimiento. Nuestro mundo maravilloso encerrado en las fronteras de Schengen o protegido por el muro de Río Grande nos ha llevado a atar los perros con longaniza y a pensar que era lo normal. Y a creer que el modelo era exportable a todo el mundo de forma simultanea.
En ese "país multicolor" sobrevolábamos el rico néctar de las flores y nos bañábamos en la abundancia de un estado del bienestar que, como hombres y mujeres de un mundo desarrollado, considerábamos un derecho de cuna. Ni los suburbios de nuestras ciudades - en los que se arrinconaba todo aquel que no participaba del reparto de beneficios, ni, mucho menos, el 80% restante del Planeta tenían nada que ver con nosotros. No es que nuestro bienestar se basase en su pobreza y falta de capacidad de consumo, sino que justificábamos su estado miserable y proyectábamos nuestro modelo de vida para que, a través de sus parabólicas, se deleitasen con nuestro éxito.
Si algo nos demuestra la Historia es que no todo el mundo puede estar "arriba". La desigualdad es la única forma de que unos pocos puedan considerar que "viven bien"; porque vivir "como los demás" no puede ser "vivir bien". Para que un occidental pueda llevar el ritmo de vida al que "tenemos derecho", muchos occidentales y muchísimos otros seres humanos tienen que sobrevivir a duras penas porque, si el esfuerzo de todos se compensase igual, jamás podríamos permitirnos el despilfarro en que vivimos.
El "estado del bienestar" no es sólo una cuestión económica; es también una cuestión moral.
Para seguir en el furgón delantero del tren de la Humanidad son necesarios dos requisitos y un tercero que les precede. Las medidas las tenemos que aplicar ahora; mejor ayer que hoy. Los requisitos son:
1. Ser conscientes de que el "tren de la Humanidad", como lo he llamado, tiene que tener continuidad y estar equilibrado. No podemos tener un vagón de primera clase y muchos de transporte de ganado. Necesitamos de una amplia clase media y de un cierto grado de igualdad social y económica. No hoy, ni mañana, pero sí como parte del objetivo. Ninguna medida que no disminuya las desigualdades a nivel mundial nos llevará en el sentido correcto. Podrá seguir engordando la burbuja, descompensando el fiel de la balanza en nuestro favor durante un tiempo; pero será nuestra ruina a largo plazo.
2. Fomentar el conocimiento y la innovación sostenible. En el mundo seguirá haciendo falta quién aporte su esfuerzo físico en la producción, necesitaremos de gestores que administren los sistemas de esa misma cadena productiva y, finalmente, será fundamental disponer de aquellos que diseñen esos sistemas y las estrategias que los hagan funcionar. Nuestro posicionamiento, tanto como individuos como en tanto que pueblos, acabará colocándonos en uno de los tres estamentos.
Esto, obviamente, no es nuevo; pero quizás conviene recordarlo porque, si no somos de los que aportan su conocimiento y su capacidad de innovación, tendremos que amarrarnos al timón o encadenarnos a los remos.
So It's goodbye to my lady of the islands
Neither the United Kingdom nor Russia have ever really been a part of Europe. Not that they do not have a huge influence over whatever happens in the Eurasian peninsula but they do not belong here. One cannot understand the history of Europe without the UK nor can you without taking into account all which came from the East, but they are both external influences to the core of the "Continent". The UK because they never really wanted to be a part of the same project, Russia because it always felt as though they wanted us to become a part of their empire.
After Mr. Cameron's bid this week, Calais seems further form Dover than Boston is from Plymouth. As I always thought, Britain feels more attached to Washington than to Brussels.
So be it.
Ever since His or Her Gracious Majesty's Islands became a significant player they have been playing "divide and rule" with Europe proper. Contrary to what you may think if you have read the myriad of books concerning the Roman Empire and the British Isles, they were far from being significant at that time. In fact, the English Empire will go down in History especially because it was the last European Empire. That and the fact that most wars fought over the last hundred years - and, probably, many more to come - came as the result of their short-sighted, selfish policies towards their dominions.
It was about time that Europe rejected London pretenses and preconditions. We had enough of negotiations between the UK and Europe under the preposterous assumption that they were in the same "order of magnitude". They wanted to have their own religion even if only to show the rest that they were of a different breed. They feel attached to the pound and to their obsolete non-metric systems. Uncomfortable as they are, they do not want to renounce them, not because they like their traditions but because that makes them feel different. They drive on the not-right side of the road and have their cars built differently so that there is no doubt to whom it belongs.
Well. It worked for quite a while. I fear it will continue to work even after this false step but Europe showed today her resolve not to be bullied by the brits no more.
Make French and German Official languages of the EU and you will need no more.
Información y poder
La información era poder.
Ya no lo es. ¿Cuánta información quieres sobre un tema? Cualquiera puede acceder a un buscador de internet y descargarse miles de documentos sobre, virtualmente, cualquier tema. Incluso puede establecer una alerta que le lleve la información hasta su buzón electrónico. Con algo de habilidad y de conocimientos puede incluso diseñar o utilizar una herramienta de web semántica que le relacione ese caudal inabarcable de información disponible. Pero toda esa información no supone más que el principio del camino. Ante alguien que lo sepa todo sobre un tema se abre el panorama desolado del desconocimiento de cómo utilizar esa información.
Vuelvo a insistir en la idea de las redes y de las relaciones. Tanto nuestras ideas como internet y, cada vez más, la sociedad misma se estructuran en una forma reticular que implica que cada concepto, cada idea, cada información disponible, necesita relacionarse con multitud de otras ideas para contextualizar esa información y construir el conocimiento. No sabe más el que acumula más información sino el que es capaz de relacionarla entre sí y extraer de esas relaciones las consecuencias lógicas pertinentes en función de la realidad que esté estudiando. La misma información a la luz de los intereses políticos arroja una inteligencia distinta que si se examina desde el punto de vista macroeconómico o desde la perspectiva social.
Discutía no hace mucho sobre la capacidad de los flujos financieros para influir en las estrategias. Lo que desde una perspectiva financiera puede verse como algo altamente improbable, es más que evidente desde una perspectiva geopolítica o geoeconómica. De ahí la necesidad de desarrollar análisis de cada una de las realidades desde las distintas ópticas que nos interese.
Lo importante no es la información en sí porque, a diferencia de lo que ocurría hasta hace unos años, la mayor parte de la información que se necesita está disponible en fuentes abiertas para aquel que quiera y sepa buscarla. Es evidente que la necesidad de acceder a dicha información sigue estando presente. Por muy fácil que sea su localización, siempre habrá que recopilarla. Mucho más importante pero, hasta cierto punto, susceptible de realizarse mediante un proceso automatizado es la clasificación de dicha información. Aquí es dónde entra en juego la web semántica, sintáctica, etc,... Necesitamos, por un lado, eliminar las redundancias informativas que nos lleguen pero, por otro, también tenemos que tenerlas en cuenta para poder determinar la fiabilidad de las fuentes que recogen la información. Una tontería, por mucho que la repitan mil bocas, seguirá siendo una tontería y, por lo tanto, la mera cuantificación de resultados no es un criterio suficiente para determinar la validez de una información.
Recopilada la información, filtrada según un criterio que deberemos establecer en función de su fiabilidad y tamizada para evitar redundancias, los hechos suelen ser bastante simples y directos. Los ríos de tinta que corren sobre cada tema pueden resumirse en píldoras informativas fácilmente digeribles. Para ésto ya no conozco ningún programa informático.
Pero, lo verdaderamente importante viene a continuación. La química de la información consiste en mezclar los ingredientes que hemos obtenido después de eliminar el excipiente para obtener conocimiento utilizable. Como siempre, en función de la receta que empleemos, vamos a llegar a resultados distintos. Esa es la belleza de la información, que con los mismos datos puedes llegar a conclusiones incluso opuestas. Y todo eso, sin caer en el mundo de las opiniones.
De alguna manera, el proceso es similar a la fabricación de pan desde el trigo en el campo. Hay que extraer la harina y mezclarla adecuadamente para conseguir el producto deseado. Pero, del mismo trigo, también se pueden obtener otros muchos productos que, en muchos casos, ni siquiera se parecen o saben como el pan.
Fácil hasta aquí. Ahora se trata de se el primero en obtener la información que se encuentra en esas fuentes abiertas y saber ver las implicaciones que tiene. ¡Qué fabuloso instrumento son, para ésto, la redes sociales! Millones de personas aportando información para que los que estén interesados la tengan accesible al momento. Claro, que es un método poco serio, ¿verdad? Pues no. El mayor problema de las redes sociales no es su falta de fiabilidad ya que esa característica la comparten con una enorme cantidad de otras fuentes; su mayor peligro es la cantidad de "ruido" que añaden a la comunicación. La ventaja de la concisión en los mensajes y el tamiz que son capaces de aplicar para discriminar aquellas informaciones que tratan del tema que nos interesan de aquellas que no lo hacen queda compensada con la necesidad de moverse entre cientos o miles de mensajes reiterativos o no procedentes pero que han sido incorrectamente etiquetados o que caen dentro de la categoría de polisémicos.
¿Quién puede resistir la tentación de dejar oír su voz ante el auditorio mundial cuando es no sólo fácil, sino también virtualmente gratuito? Y, si bien es cierto que todo el mundo tiene algo que decir y que de todo el mundo se puede aprender, también lo es que no siempre lo que se publica es lo mejor que uno tiene para aportar.
El siguiente paso sería la obtención de la información de forma distinta a los medios abiertos. Hasta cierto punto, esta opción está al alcance de todos en alguna medida. Igual que antes, sin embargo, los matices son importantes. Los vemos otro día.
Un mundo feliz
Los intentos de comprender el mundo actual, igual que los de describirlo, chocan con los esquemas cartesianos que tenemos la mayor parte de los occidentales. Pretendemos utilizar un sistema de estudio que nos permita encasillar los acontecimientos y extraer conclusiones de cada uno de ellos por separado para, sumándolos, llegar a un resultado que los englobe a todos. Es más, nuestra intención es siempre la de ir “atando cabos” en un esquema piramidal en el que cada nivel dé lugar al siguiente en una relación unívoca y directa.
Me temo que las cosas no funcionan así en el mundo real.
Nuestra secuencia de hechos y conclusiones, lineal y ordenada ella, nos puede proporcionar una sensación de tranquilidad por haber considerado todos los factores y por haber extraído de cada uno todo el jugo que era posible. Sin embargo, las parcelas estancas que consideramos para cada uno de ellos no lo son en realidad. Cada factor a cada nivel se ve influido e influye a su vez a todos y cada uno de los demás y su análisis aislado – si bien resulta mucho más atractivo visualmente – es absolutamente engañoso.
Una aproximación multidisciplinar a cualquier problema nos demostrará que, lo que para un economista tiene perfecto sentido, resulta tan contraproducente para un sociólogo o para un biólogo como la solución que éstos proponen lo es para aquel.
Esto ha sido siempre así, no nos engañemos. Sin embargo, la interdependencia que existe entre los parámetros de todos los actores – estatales o no – y el ritmo a que la misma se manifiesta hacen que, en la actualidad, la toma de decisiones deba tener en consideración muchos más aspectos que hace unos pocos años y sus consecuencias sean potencialmente más peligrosas que nunca.
La Globalización de la economía – pero también del medio ambiente, de las comunicaciones, de la seguridad y de casi cualquier otro aspecto – nos ha hecho perder Profundidad Estratégica y, con ella, margen de error en la toma de nuestras decisiones. La implicación más evidente es la necesidad de reforzar los mecanismos de Gobernanza Global en todos los aspectos de la sociedad para conseguir que las decisiones sean capaces de tener en cuenta el mayor número de aspectos de forma simultánea y que se vean lo menos mediatizadas por condicionantes de actores hegemónicos.
Intentaremos explicar a qué nos referimos con lo expresado en el párrafo anterior.
Lo limitado del alcance efectivo y real de imperios, reinos, naciones, empresas y demás actores durante la mayor parte de la historia ha permitido siempre disponer de una porción muy importante del Planeta a salvo de los potenciales efectos perniciosos del uso de dicho poder. Tomemos el Imperio Romano o el español – en el que “no se ponía el Sol” – como ejemplo. En cualquiera de los dos casos, la percepción que podían tener los ciudadanos de la época era que las decisiones adoptadas por estos actores iban a afectar a la totalidad del mundo conocido. Sin embargo, cabe hacer dos salvedades a este alcance. Por un lado, el mundo conocido distaba mucho de ser la totalidad del real; hasta hace relativamente pocos años no se ha conocido realmente la totalidad del Planeta. Además, incluso dentro del mundo que estaba, efectivamente, cartografiado, se ignoraba deliberadamente a una parte muy significativa del mismo, bien por prepotencia, bien por ignorancia, bien porque, realmente, fuera irrelevante políticamente.
Incluso a nivel local, las decisiones y los sistemas que se empleaban tenían un carácter marcadamente de clase y tendían a afectar a las relaciones entre aquellos ciudadanos que gozaban de un cierto estatus mientras que apenas si incidían en las vidas de la mayor parte de la población.
La caída de los imperios, su relevo por otros o su desmembramiento y reordenación de las piezas que los formaban daban lugar a realidades distintas porque una parte de la población o una parte del mundo se había mantenido al margen de los aciertos y de los errores cometidos por un sistema. Eso ha dejado, en muy buena parte, de ser así. En muchos casos sólo sobrevive una apariencia de diversidad – en muchos casos forzada – cada vez más sujeta a matices poco significativos.
Cuando hablamos del Consenso de Washington y del Consenso de Beijing como paradigmas contrapuestos lo hacemos con una perspectiva que tiene más de histórica que de económica. La incorporación de la República Popular China a la Organización Mundial del Comercio supuso un paso relevante en la fusión de ambos sistemas. Desde la introducción de las medidas aperturistas de Deng hace ya treinta años, cada año ha supuesto un paso más en la convergencia hacia un sistema mixto.
Como dos imanes del mismo polo, el movimiento hacia la derecha del sistema chino coincidió con un proceso de desregulación en Occidente – léase Estados Unidos – que pretendía reducir todavía más el papel del Estado. Por mucho que China se acercase al sistema occidental, Occidente se occidentalizaba cada vez más en beneficio de unas élites financieras.
La confluencia de la velocidad creciente del tránsito a una economía de mercado en el gigante asiático y la demostración de que el exceso de desregulación elimina a una clase media que es, precisamente, el motor de la sociedad de consumo nos lleva a un sistema en el que nos reconocemos – con matices, en algunos casos importantes – los europeos. El sistema resultante no puede ser otro que uno en el que el Estado tenga su cuota de control sobre la evolución de los mercados; ni tanta como en una economía dirigida, ni tan poca como en el sueño del Presidente Reagan.
¿Por qué es, entonces, Europa el “pagano” de la crisis actual si, razonablemente, su modelo es el más equilibrado? Evidentemente, porque Europa no es un sistema aislado como tampoco lo son ninguno de sus países. El paradigma europeo es válido si es universal, si la regulación que pretende establecer la cuota que le asigna al poder estatal dentro de su sistema de mercado puede aplicarse en todo ese mercado. La globalización de los mercados obliga, sin embargo, a Europa a jugar con unas reglas distintas a las de sus competidores.
El problema, según queríamos explicar, es que eso mismo sucede en cualquier otro lugar del mundo. China está tan atrapada en la espiral de acumulación de deuda norteamericana como los mismos Estados Unidos. Si buscamos otros casos veremos cómo es virtualmente imposible encontrar un actor relevante que escape a la tiranía de la Globalización.
Por lo tanto, hemos perdido la Profundidad Estratégica que nos proporcionaba la capacidad para recuperarnos de los errores apoyándonos en aquellos que no participasen de los mismos. Nos hemos quedado sin un punto de apoyo ajeno al sistema sobre el que apoyar la palanca que mueva al mundo y lo saque del problema en que se meta. El concepto de Profundidad Estratégica hacía referencia a la capacidad para perder terreno o recursos durante un tiempo y ser capaz de que el sistema – la Nación, la Coalición, la Empresa – se recuperase a tiempo de contraatacar y vencer la guerra.
Las decisiones de los grandes actores de hoy afectan a todos y arrastran a la totalidad del mundo hacia adelante o hacia atrás en función de que sean aciertos o errores. La miopía con que algunos países persiguen el beneficio singular y aislado basado en la presunta supremacía de su sistema, las políticas proteccionistas que otros aplican respecto de sus vecinos o las reacciones, en fin, de otros a las injusticias resultantes de los dos primeros casos debilitan el conjunto del sistema.
Los “juegos de suma cero” en que la ganancia de uno es pérdida del otro han dejado de funcionar en el mundo global por el mero hecho de que todos formamos parte del mismo sistema y, por lo tanto, el equilibrio está asegurado: el perjuicio de una de las partes acabará repercutiendo en todas las demás. Podemos estirar la cuerda y sacar partido a las ventajas competitivas que tengamos respecto de otros países en tanto en cuanto se mantenga un equilibrio suficiente que evite que entremos en conflicto con los demás y que nuestro beneficio sea tal que ocasione un perjuicio inaceptable a otra de las partes.
Si antes podíamos permitirnos el lujo de considerar irrelevante a determinado país o región, hoy tenemos que observar con mucha precaución cualquier acercamiento de uno de ellos a la situación de “Estado fallido” porque las implicaciones que tiene su mera existencia para nuestra seguridad global – y la de nuestra economía – es, ciertamente, muy relevante.
La falta de “Profundidad Estratégica” nos lleva a la necesidad de no equivocar nuestras decisiones porque éstas se basen en criterios del estilo de los que hemos visto. Los nacionalismos excluyentes no tienen cabida en el nuevo paradigma, pero tampoco la tienen los nacionalismos que, sin serlo, pretenden obtener un beneficio desproporcionado respecto de otros. Los peligros principales de las próximas décadas no van a venir de conflictos por recursos concretos sino por percepciones y por cuotas de relevancia mundial porque la tendencia imparable hacia un sistema de gobernanza global degenerará en una lucha por un “lugar en el sol” del nuevo sistema.
Resulta preocupante observar las trasnochadas actitudes de los viejos imperios ante la pérdida de su hegemonía. Lo que en el viejo sistema supondría un relevo en la cúspide mundial, en el nuevo supone una forma distinta de hacer negocios. La falta de comprensión de este aspecto tan importante puede dar lugar a la mayor de las catástrofes si los unos se empeñan en jugar con las viejas reglas y los otros en ignorarlas como cosa del pasado.
Tampoco es muy edificante observar cómo la desconfianza y las obsoletas pretensiones autárquicas de unos impiden el desarrollo de sus vecinos. Políticas proteccionistas e intervencionistas aplicadas por bloques poderosos están llevando a situaciones como las que hemos vivido a lo largo de todo 2.011 en el Norte de África. La falta de desarrollo no se soluciona asignando un 0,7% de la riqueza del Norte a “darle un pescado” al Sur para evitar que se muera de hambre y siga proporcionándonos los recursos que necesitamos para subvencionar industrias que serían más eficientes puestas directamente en sus manos.
El mundo sí es suficiente. Nos sobra mundo para todos; pero sólo si lo gobernamos como un mundo y no como un puzle de intereses contrapuestos. Igual que nuestra libertad termina donde empieza la del vecino, tenemos que comprender que nuestra prosperidad depende de la que tenga nuestro semejante; que no tendrá que ser igual a la nuestra ni crecer en la misma medida, pero deberá permitirle sentir que es capaz de ejercer su grado de libertad con dignidad.
Me temo que las cosas no funcionan así en el mundo real.
Nuestra secuencia de hechos y conclusiones, lineal y ordenada ella, nos puede proporcionar una sensación de tranquilidad por haber considerado todos los factores y por haber extraído de cada uno todo el jugo que era posible. Sin embargo, las parcelas estancas que consideramos para cada uno de ellos no lo son en realidad. Cada factor a cada nivel se ve influido e influye a su vez a todos y cada uno de los demás y su análisis aislado – si bien resulta mucho más atractivo visualmente – es absolutamente engañoso.
Una aproximación multidisciplinar a cualquier problema nos demostrará que, lo que para un economista tiene perfecto sentido, resulta tan contraproducente para un sociólogo o para un biólogo como la solución que éstos proponen lo es para aquel.
Esto ha sido siempre así, no nos engañemos. Sin embargo, la interdependencia que existe entre los parámetros de todos los actores – estatales o no – y el ritmo a que la misma se manifiesta hacen que, en la actualidad, la toma de decisiones deba tener en consideración muchos más aspectos que hace unos pocos años y sus consecuencias sean potencialmente más peligrosas que nunca.
La Globalización de la economía – pero también del medio ambiente, de las comunicaciones, de la seguridad y de casi cualquier otro aspecto – nos ha hecho perder Profundidad Estratégica y, con ella, margen de error en la toma de nuestras decisiones. La implicación más evidente es la necesidad de reforzar los mecanismos de Gobernanza Global en todos los aspectos de la sociedad para conseguir que las decisiones sean capaces de tener en cuenta el mayor número de aspectos de forma simultánea y que se vean lo menos mediatizadas por condicionantes de actores hegemónicos.
Intentaremos explicar a qué nos referimos con lo expresado en el párrafo anterior.
Lo limitado del alcance efectivo y real de imperios, reinos, naciones, empresas y demás actores durante la mayor parte de la historia ha permitido siempre disponer de una porción muy importante del Planeta a salvo de los potenciales efectos perniciosos del uso de dicho poder. Tomemos el Imperio Romano o el español – en el que “no se ponía el Sol” – como ejemplo. En cualquiera de los dos casos, la percepción que podían tener los ciudadanos de la época era que las decisiones adoptadas por estos actores iban a afectar a la totalidad del mundo conocido. Sin embargo, cabe hacer dos salvedades a este alcance. Por un lado, el mundo conocido distaba mucho de ser la totalidad del real; hasta hace relativamente pocos años no se ha conocido realmente la totalidad del Planeta. Además, incluso dentro del mundo que estaba, efectivamente, cartografiado, se ignoraba deliberadamente a una parte muy significativa del mismo, bien por prepotencia, bien por ignorancia, bien porque, realmente, fuera irrelevante políticamente.
Incluso a nivel local, las decisiones y los sistemas que se empleaban tenían un carácter marcadamente de clase y tendían a afectar a las relaciones entre aquellos ciudadanos que gozaban de un cierto estatus mientras que apenas si incidían en las vidas de la mayor parte de la población.
La caída de los imperios, su relevo por otros o su desmembramiento y reordenación de las piezas que los formaban daban lugar a realidades distintas porque una parte de la población o una parte del mundo se había mantenido al margen de los aciertos y de los errores cometidos por un sistema. Eso ha dejado, en muy buena parte, de ser así. En muchos casos sólo sobrevive una apariencia de diversidad – en muchos casos forzada – cada vez más sujeta a matices poco significativos.
Cuando hablamos del Consenso de Washington y del Consenso de Beijing como paradigmas contrapuestos lo hacemos con una perspectiva que tiene más de histórica que de económica. La incorporación de la República Popular China a la Organización Mundial del Comercio supuso un paso relevante en la fusión de ambos sistemas. Desde la introducción de las medidas aperturistas de Deng hace ya treinta años, cada año ha supuesto un paso más en la convergencia hacia un sistema mixto.
Como dos imanes del mismo polo, el movimiento hacia la derecha del sistema chino coincidió con un proceso de desregulación en Occidente – léase Estados Unidos – que pretendía reducir todavía más el papel del Estado. Por mucho que China se acercase al sistema occidental, Occidente se occidentalizaba cada vez más en beneficio de unas élites financieras.
La confluencia de la velocidad creciente del tránsito a una economía de mercado en el gigante asiático y la demostración de que el exceso de desregulación elimina a una clase media que es, precisamente, el motor de la sociedad de consumo nos lleva a un sistema en el que nos reconocemos – con matices, en algunos casos importantes – los europeos. El sistema resultante no puede ser otro que uno en el que el Estado tenga su cuota de control sobre la evolución de los mercados; ni tanta como en una economía dirigida, ni tan poca como en el sueño del Presidente Reagan.
¿Por qué es, entonces, Europa el “pagano” de la crisis actual si, razonablemente, su modelo es el más equilibrado? Evidentemente, porque Europa no es un sistema aislado como tampoco lo son ninguno de sus países. El paradigma europeo es válido si es universal, si la regulación que pretende establecer la cuota que le asigna al poder estatal dentro de su sistema de mercado puede aplicarse en todo ese mercado. La globalización de los mercados obliga, sin embargo, a Europa a jugar con unas reglas distintas a las de sus competidores.
El problema, según queríamos explicar, es que eso mismo sucede en cualquier otro lugar del mundo. China está tan atrapada en la espiral de acumulación de deuda norteamericana como los mismos Estados Unidos. Si buscamos otros casos veremos cómo es virtualmente imposible encontrar un actor relevante que escape a la tiranía de la Globalización.
Por lo tanto, hemos perdido la Profundidad Estratégica que nos proporcionaba la capacidad para recuperarnos de los errores apoyándonos en aquellos que no participasen de los mismos. Nos hemos quedado sin un punto de apoyo ajeno al sistema sobre el que apoyar la palanca que mueva al mundo y lo saque del problema en que se meta. El concepto de Profundidad Estratégica hacía referencia a la capacidad para perder terreno o recursos durante un tiempo y ser capaz de que el sistema – la Nación, la Coalición, la Empresa – se recuperase a tiempo de contraatacar y vencer la guerra.
Las decisiones de los grandes actores de hoy afectan a todos y arrastran a la totalidad del mundo hacia adelante o hacia atrás en función de que sean aciertos o errores. La miopía con que algunos países persiguen el beneficio singular y aislado basado en la presunta supremacía de su sistema, las políticas proteccionistas que otros aplican respecto de sus vecinos o las reacciones, en fin, de otros a las injusticias resultantes de los dos primeros casos debilitan el conjunto del sistema.
Los “juegos de suma cero” en que la ganancia de uno es pérdida del otro han dejado de funcionar en el mundo global por el mero hecho de que todos formamos parte del mismo sistema y, por lo tanto, el equilibrio está asegurado: el perjuicio de una de las partes acabará repercutiendo en todas las demás. Podemos estirar la cuerda y sacar partido a las ventajas competitivas que tengamos respecto de otros países en tanto en cuanto se mantenga un equilibrio suficiente que evite que entremos en conflicto con los demás y que nuestro beneficio sea tal que ocasione un perjuicio inaceptable a otra de las partes.
Si antes podíamos permitirnos el lujo de considerar irrelevante a determinado país o región, hoy tenemos que observar con mucha precaución cualquier acercamiento de uno de ellos a la situación de “Estado fallido” porque las implicaciones que tiene su mera existencia para nuestra seguridad global – y la de nuestra economía – es, ciertamente, muy relevante.
La falta de “Profundidad Estratégica” nos lleva a la necesidad de no equivocar nuestras decisiones porque éstas se basen en criterios del estilo de los que hemos visto. Los nacionalismos excluyentes no tienen cabida en el nuevo paradigma, pero tampoco la tienen los nacionalismos que, sin serlo, pretenden obtener un beneficio desproporcionado respecto de otros. Los peligros principales de las próximas décadas no van a venir de conflictos por recursos concretos sino por percepciones y por cuotas de relevancia mundial porque la tendencia imparable hacia un sistema de gobernanza global degenerará en una lucha por un “lugar en el sol” del nuevo sistema.
Resulta preocupante observar las trasnochadas actitudes de los viejos imperios ante la pérdida de su hegemonía. Lo que en el viejo sistema supondría un relevo en la cúspide mundial, en el nuevo supone una forma distinta de hacer negocios. La falta de comprensión de este aspecto tan importante puede dar lugar a la mayor de las catástrofes si los unos se empeñan en jugar con las viejas reglas y los otros en ignorarlas como cosa del pasado.
Tampoco es muy edificante observar cómo la desconfianza y las obsoletas pretensiones autárquicas de unos impiden el desarrollo de sus vecinos. Políticas proteccionistas e intervencionistas aplicadas por bloques poderosos están llevando a situaciones como las que hemos vivido a lo largo de todo 2.011 en el Norte de África. La falta de desarrollo no se soluciona asignando un 0,7% de la riqueza del Norte a “darle un pescado” al Sur para evitar que se muera de hambre y siga proporcionándonos los recursos que necesitamos para subvencionar industrias que serían más eficientes puestas directamente en sus manos.
El mundo sí es suficiente. Nos sobra mundo para todos; pero sólo si lo gobernamos como un mundo y no como un puzle de intereses contrapuestos. Igual que nuestra libertad termina donde empieza la del vecino, tenemos que comprender que nuestra prosperidad depende de la que tenga nuestro semejante; que no tendrá que ser igual a la nuestra ni crecer en la misma medida, pero deberá permitirle sentir que es capaz de ejercer su grado de libertad con dignidad.
La Estrategia Española de Seguridad
La Estrategia Española de Seguridad (EES) es el primer documento de su clase que se edita en España. Sigue, en este sentido, la línea marcada por otros países occidentales que llevan años definiendo con periodicidad variable la implicación de las distintas Administraciones y Organismos en la Seguridad nacional. El documento, elaborado por un equipo multidisciplinar coordinado y dirigido por el Dr. Javier Solana, difiere de los de otros países en su longitud, mayor que la de la mayoría de los otros. Esta circunstancia puede deberse a su carácter de primero de su clase en nuestro país y a la necesidad de definir conceptos que, en otras Estrategias Nacionales, están ya asentados después de distintas ediciones de la misma.
Como veremos, el hecho de que Javier Solana estuviera al frente del equipo que elabora la EES permite que la misma esté perfectamente alineada con las de las principales organizaciones de Seguridad a que pertenece España y en las que la experiencia de Solana – que dirigió también la elaboración de la Estrategia Europea del 2.003 y cuya impronta está presente en el Nuevo Concepto de Seguridad de la OTAN.
La EES es consecuencia de la intervención del Presidente del Gobierno durante el discurso de investidura en el cual anunció su elaboración durante la misma. Sin embargo, distintas circunstancias han ido retrasando hasta este verano su publicación pese a que su redacción estaba terminada, como estaba previsto, a finales de Noviembre del año pasado. A los condicionantes políticos internos de España hay que añadir el ritmo frenético de los acontecimientos mundiales de los últimos años y, en particular, de los últimos meses. La confluencia de la crisis financiera con la económica que se desató a consecuencia de aquella y con las revueltas que siguen teniendo lugar en muchos lugares del mundo árabe vecino de nuestra región.
El principal valor de la EES respecto de las Directivas de Defensa Nacional que marcan la pauta a seguir por el Ministerio de Defensa estriba en su carácter pluri-ministerial. Evidentemente, en este sentido, está a un nivel superior respecto de la Revisión Estratégica de la Defensa o el Libro Blanco de la Defensa de 2.000. Mientras que todos estos documentos hablan exclusivamente de defensa y de las responsabilidades del Ministerio de Defensa, la Estrategia comprende distintos los aspectos de la Seguridad y es, por lo tanto, más amplio.
Se trata, como señala en múltiples ocasiones, de un documento que pretende establecer una aproximación integral a la seguridad en España y determinar la aportación de cada uno de los distintos actores, estatales o no, a la misma. De algún modo, pretende ser un documento de referencia para generar políticas concretas en los distintos organismos y una guía a la hora de definir las prioridades nacionales en materia de Seguridad.
Igualmente, su vocación de permanencia en el tiempo – que expresa con un horizonte temporal de diez años y de cinco para una posible revisión intermedia – permite, por primera vez, albergar esperanzas de que la Seguridad se convierta en asunto de Estado por encima de los criterios concretos de los partidos.
Lejos de ser el final del camino, la EES supone la base sobre la que construir las estrategias concretas para cada política trasversal, para cada región de interés para España y para cada ministerio.
Su sub-título, “Una responsabilidad de todos” deja muy claro que su valor trasciende al Ministerio de Defensa e, incluso, al Gobierno mismo para abrir las puertas a la participación de las autoridades autonómicas, provinciales y locales así como a ONG, empresas y particulares en un esfuerzo sinérgico por dotar a nuestro país de una estabilidad y de una visión a largo plazo.
La EES comienza con un Resumen Ejecutivo y una justificación de la necesidad de su existencia. Este capítulo – innecesario en documentos equivalentes de otros países que están más asentados y han visto ya distintas versiones – no presenta una excusa para su ejecución sino que hace sentir que la excusa es necesaria para justificar su inexistencia hasta el momento.
Pretende la EES “analizar las amenazas y riesgos a nuestra sociedad, identificar líneas de respuesta y definir mecanismos de coordinación” en un esfuerzo sin precedentes a este nivel. Analizar las amenazas supone definir aquellas vulnerabilidades que presenta nuestra seguridad ante la acción de un agente externo o interno. Definir los riesgos exige identificar aquellos puntos débiles que pueden suponer un peligro en caso de catástrofe natural o accidental. La visión de la seguridad que se ofrece va mucho más allá de la de una defensa frente a un enemigo externo para adentrarse en una mezcla de los conceptos de security y de safety; una seguridad global que nos proteja contra la acción de un agente con voluntad propia tanto como de accidentes o de los elementos.
La identificación de líneas de respuesta busca definir pautas de comportamiento o de actuación genéricas para que cada administración, organismo, empresa o particular tenga una referencia sobre cual es la actuación que se considera más eficaz. Definidas estas líneas de respuesta, procede establecer aquellos mecanismos que permitirán la coordinación de las actuaciones concretas de cada uno de estos actores para aprovechar las posibles sinergias existentes y para evitar interferencias entre ellos.
El desarrollo por parte de cada uno de los actores de sus propias propuestas y el papel que jugarán los organismos que se crean para coordinarlas será crucial para el éxito futuro de la Estrategia.
En este sentido, aunque poniendo por delante al Gobierno y al conjunto de las Administraciones públicas a todos los niveles, la EES hace hincapié en la necesidad de que la sociedad en su conjunto se implique en la seguridad que, afirma, es responsabilidad de todos.
Más adelante vuelve a incidir en este aspecto aunque esta vez poniendo el énfasis en la necesidad de que la colaboración sea tanto a nivel interno, entre los distintos actores sociales nacionales, como a nivel internacional. En este sentido, la EES destaca el papel que tanto la Alianza Atlántica como la Unión Europea representan para la Seguridad en España.
La EES no deja de ser un documento político y, para lo bueno y para lo malo, está muy influenciado por las circunstancias concretas del momento histórico en que ha sido redactada. Esto debe ser así para que pueda responder a las amenazas y a los riesgos actuales pero, al mismo tiempo, condiciona los contenidos y los puntos de vista que expresa. Inevitablemente, es también el producto ofrecido por un Gobierno concreto que, aunque buscando el consenso con el resto de las fuerzas políticas, refleja en él su propia visión de la realidad y pretende ser coherente con los pasos dados hasta el presente al tiempo que marcar las pautas para el futuro.
España, se reconoce en la EES, tiene intereses globales que defender y amenazas y riesgos transnacionales que afrontar. La actual participación española en misiones como la del Líbano o la que tiene lugar contra la piratería y en defensa del Programa Mundial de Alimentos en el Cuerno de África – la misión Atalanta – quedan recogidas en la EES. Igualmente, la lucha contra el terrorismo y el favorecimiento de la gobernanza mundial pueden interpretarse como intereses que defender y amenazas que afrontar y justificar, de este modo, la presencia española más allá de nuestras fronteras para preservar nuestra seguridad.
La EES no pretende ir más allá para definir qué tipo de intereses habrá que defender o cuáles son las amenazas transnacionales que justifican la presencia de nuestras Fuerzas Armadas en el extranjero pero cabe deducir que aquellas que se recogen en el cuerpo de la publicación entrarían dentro de esta categoría.
Para ello, se reconoce igualmente la necesidad de adaptación orgánica y normativa de las Administraciones Públicas. Se deja así de vaga la restructuración que debe de tener lugar pero de la lectura completa del documento se pueden extraer algunas conclusiones que afectarían al conjunto de las administraciones públicas y, sin lugar a dudas, a los organismos más directamente implicados en proporcionar seguridad a la sociedad. Cabe inferir que tanto las Fuerzas Armadas como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado deben entrar en un proceso de adaptación a este nuevo concepto de seguridad global y que tendrán que asumir nuevas funciones según vaya desarrollándose la EES.
La creación de un Consejo Español de Seguridad se prevé como agente líder en este proceso de adaptación.
Cabe enfatizar el hecho de que la EES menciona que la adaptación deberá ser orgánica y normativa. Evidentemente, cuando lo expresa así, pretende ir más allá de decir que a la adaptación orgánica seguirá la correspondiente de la normativa que recoja estos cambios. Se puede pensar con buenos motivos que ambas reformas se irán desarrollando de forma paralela con el objetivo de hacer frente a riesgos y amenazas de nuevo cuño o apoyadas en unas tecnologías que las hacen diferentes de aquellas para las que organismos y normativa estaban diseñados. Cabe pensar, por ejemplo, en una regulación específica del Ciberespacio que permita crear un entorno seguro donde operar o de una redistribución de las funciones de algunas partes de la Administración de modo que se aprovechen las sinergias posibles entre ellas.
La estructura de la EES, a partir de su Resumen Ejecutivo y de la justificación de su existencia, se divide en cuatro apartados principales que van analizando sucesivamente LA SEGURIDAD DE ESPAÑA EN EL MUNDO. La Seguridad nacional no puede, como hemos visto, entenderse como desvinculada del resto del mundo cuando estamos en un ambiente globalizado en el que todos los factores en todos los países se influencian mutuamente. España necesita un mundo seguro para poder estar segura ella misma.
A continuación se definen los POTENCIADORES DEL RIESGO. En un mundo globalizado, los pequeños detalles se convierten en grandes problemas en función de circunstancias sobre las que podemos ejercer un pequeño control o ninguno en absoluto. Identificar las políticas nacionales respecto de determinados aspectos como el cambio climático o el desigual reparto de la riqueza contribuye poderosamente a nuestra seguridad.
Las AMENAZAS, RIESGOS Y RESPUESTAS a ambos propiamente dichos se tratan en el siguiente capítulo. Recordemos que estamos hablando de una multiplicidad de factores y que difícilmente se van a presentar de forma individual o separada de los demás.
Finalmente, la EES define un MODELO INSTITUCIONAL INTEGRADO; para ello prevé la creación – en algunos casos ya ha tenido lugar – de organismos para la coordinación o la gestión de los riesgos y amenazas. Se trata de un conjunto de organizaciones de alto nivel que conducirán la adaptación orgánica y normativa a que hacía mención antes.
Veremos, finalmente, como la EES está incardinada dentro de las estrategias y las políticas de la Unión Europea y de la Alianza Atlántica así como cómo es similar a las de los países de nuestro entorno.
LA SEGURIDAD DE ESPAÑA EN EL MUNDO, primera de las cuatro partes principales del documento.
A modo de introducción en la situación de España en el mundo se nos empiezan por describir las peculiaridades de España y la necesidad de atender a su propia Seguridad. España tiene una responsabilidad para consigo misma, el Gobierno para con sus ciudadanos, pero también éstos consigo mismos; pero también tiene que tener en cuenta que forma parte de un mundo globalizado en el que las amenazas y los riesgos se comparten en muy buena medida por parte de todos. No sólo tiene España que asegurar su propia seguridad sino que tiene que contribuir a la del mundo en general. Por un lado, evitando exportar riesgos a nuestros vecinos y, por otro, ayudando a aquellas naciones en problemas, incapaces de gobernarse a sí mismos o de proporcionar a sus ciudadanos el grado de seguridad adecuado, a acceder a los medios y a los procedimientos para conseguir su propia seguridad.
Como primer referente, España está enmarcada dentro de la Unión Europea, con la que se siente identificada y a la que pertenece culturalmente. La influencia mutua en todos los órdenes que ejerce Europa en España y viceversa se deja notar en la EES y en las políticas comunes que se basan en valores compartidos.
No obstante, buena parte de nuestra seguridad está depositada en la alianza con los Estados Unidos a través de la OTAN. España reconoce el valor de dicha Alianza como instrumento para construir un mundo más seguro y valora el papel de los Estados Unidos dentro de ella y del mundo en su conjunto.
Destaca también la EES la importancia de Rusia en un puesto privilegiado en su texto que equivale al que ocupa geopolíticamente respecto de Europa. La necesidad de incrementar los vínculos con la Federación Rusa en materia de seguridad se traduce en múltiples facetas de la misma, desde la energética a la mediambiental o a la antiterrorista pasando por la lucha contra la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva.
Para España, sin embargo, tiene una especial trascendencia el vínculo que mantenemos con los países de Iberoamérica y con la población hispana del otro lado del Atlántico. El incremento de la colaboración con ellos resulta fundamental. No hay que olvidar que, aparte la identificación que sentimos con ellos por nuestro pasado común, la relación entre España y Sudamérica se ha estrechado últimamente con el incremento del flujo comercial pero también con el aumento del número de ciudadanos de aquellos países que han buscado establecerse en el nuestro. A nuestra preocupación por el bienestar y la seguridad de los pueblos de América Latina hay que unir la resolución de problemas que compartimos como puede ser el narcotráfico y el crimen organizado.
La EES describe a continuación nuestra relación con otra de las regiones clave para nuestra seguridad. El Magreb, zona convulsa en los últimos tiempos, es una referencia en nuestra política exterior y también es clave para nuestra seguridad. No sólo la proximidad geográfica, sino también la cultural y la dependencia que, en muchos aspectos, mantienen los países de ambas riberas del Mediterráneo, son cruciales en el esquema general de nuestra seguridad colectiva.
Más al Sur, el África Subsahariana cobra relevancia creciente en los últimos años como lugar de procedencia de un número importante de emigrantes, foco de inestabilidad y terrorismo, ruta del narcotráfico y reserva de recursos energéticos y minerales. España necesita estar presente en África.
Por último, la presencia de nuestras tropas en Afganistán y el Líbano en el corto plazo y el desplazamiento del centro de gravedad geoestratégico hacia la región indo-pacífica acrecientan el interés y la influencia que tiene Asia en nuestra seguridad.
En un mundo globalizado, la gobernanza nacional resulta fundamental pero no es suficiente para garantizar la seguridad. Las Organizaciones Internacionales a las que pertenece España deben transformarse y adaptarse a los tiempos para ser capaces de proporcionar una gobernanza mundial consensuada y para ayudar a aquellos países con problemas internos a alcanzar una situación estable que contribuya a la estabilidad general.
En resumen: “España es una potencia media europea con características propias, tiene intereses globales que defender y fomentar, y puede tener que comprometerse con actuaciones lejanas. La acción exterior del Gobierno se complementa con la actividad de las Comunidades Autónomas y las Entidades Locales, y con la sociedad civil y el sector privado.”
La EES marca también en este capítulo lo que se consideran los INTERESES NACIONALES que define como La vida, la libertad, la democracia, el bienestar y el desarrollo de sus ciudadanos en primer lugar.
Enlaza después la misión que las Reales Ordenanzas encomiendas a los miembros de las Fuerzas Armadas, señalando la Soberanía, integridad territorial, ordenamiento constitucional, de forma casi literal a como se recoge en aquellas pero añadiendo la seguridad económica, probablemente fruto de las circunstancias presentes que viven el mundo económico y financiero.
Por último, incluye un Entorno pacífico y seguro como respuesta a la Globalización que lo hace necesario como requisito para los anteriores.
En los mismos intereses está implícita de nueva la idea de una seguridad global, entendida como base para el progreso y la felicidad, el bienestar y el desarrollo. Se abandona la idea de una Seguridad ligada exclusivamente a la Defensa para incorporar un ambiente propicio general.
Como hemos visto, todo ello se desmenuza en detalle para las Regiones de Interés que ya mencionamos antes.
Para enfrentarse al reto que supone la Seguridad en España y en el mundo, la EES establece una serie de principios de actuación de la política española en este sentido.
Para empezar, la actuación internacional de nuestro país tiene lugar dentro del marco europeo y las iniciativas que se adopten deben estar consensuadas con nuestros socios comunitarios para lograr que sean lo más eficaces posible. La virtual desaparición de las fronteras al tráfico de bienes, personas y servicios supone la aplicación del Tratado de Schengen hace que la seguridad en cada uno de los países europeos sólo pueda entenderse como contribución a la seguridad del conjunto de ellos.
Lo que es más, España apuesta por un multilateralismo efectivo que dé cabida a multitud de actores y que permita la contribución de todos a la consecución del objetivo común de conseguir un mundo más seguro y estable. Todo ello respetando la legalidad internacional y buscando la legitimidad de las acciones emprendidas; lo que no obsta para que, al mismo tiempo, se pretenda potenciar la reforma de aquellas instituciones internacionales que lo precisen para que este multilateralismo pueda hacerse efectivo.
Dentro de estas actuaciones que se llevan a cabo en conjunción con la política europea en su conjunto, la construcción de la Paz tiene un carácter muy relevante en la EES. La Paz es una condición previa a la seguridad y a la libertad de las personas y su ausencia da lugar a Estados frágiles o fallidos que exportan inseguridad al resto del mundo. España está comprometida con la Paz como vehículo para alcanzar la seguridad.
En sus intervenciones tendrá en cuenta la necesidad de proteger a los civiles y actuará según el principio de la Responsabilidad de Proteger.
El segundo capítulo de desarrollo de la EES nos acerca a los elementos potenciadores del riesgo. Recordamos que no se trata de amenazas o riesgos en sí mismos sino de aquellos condicionantes que están modificando las circunstancias normales en que se producen aquellos.
El primero de los que nos presenta tiene que ver con las DISFUNCIONES QUE INTRODUCE LA GLOBALIZACIÓN.
Ya hemos mencionado antes la necesidad de potenciar una GOBERNANZA GLOBAL efectiva que sea representativa de la humanidad en su conjunto y que apoye la estabilidad en cada uno de los países de modo que el clima general sea propicio a las relaciones pacíficas entre los distintos actores.
Evidentemente, los desequilibrios macroeconómicos condicionan esta estabilidad. Las balanzas comerciales excesivamente desequilibradas ponen en peligro la convivencia pacífica de los Estados; Estados que, por otro lado, cada vez tienen más limitada su capacidad para actuar por sí mismos ante la dimensión multinacional que adquieren los problemas y la movilidad que la Globalización permite a los generadores de riesgos y amenazas.
Los DESEQUILIBRIOS DEMOGRÁFICOS que siempre han existido de algún modo ven acentuada su importancia por la creciente movilidad de las personas.
El crecimiento experimentado en las poblaciones de los países en desarrollo, cuyas pirámides poblacionales reflejan unas medias de edad en el entorno de la veintena, con un alto índice de desempleo y un desencanto creciente contrastan con el envejecimiento de las poblaciones de muchos países desarrollados y de otros, como China, que se están incorporando a esta categoría progresivamente. Este envejecimiento pone en riesgo los modelos de cohesión social y amenazan con hacer insostenible el Estado del Bienestar en una Europa cuyo crecimiento demográfico depende en exclusiva de la inmigración. Estas migraciones son, por otro lado, vistas como una amenaza por algunos sectores de la población; sobre todo cuando presentan problemas de integración con las poblaciones de destino. De ahí resultan problemas de racismo y xenofobia entre ambos grupos de población que generan tensiones sociales y disturbios como los que se han vivido recientemente en varios países europeos.
La pobreza y la desigualdad no son algo exclusivo, por lo tanto, de países en vías de desarrollo. Nuestras sociedades avanzadas también presentan bolsas de marginalidad que suponen un claro riesgo de desestabilización.
La falta de oportunidades supone un freno a las posibilidades de progreso y un riesgo a la estabilidad de las sociedades. El diferencial de renta que existe entre las dos orillas del Mediterráneo es el mayor del mundo y uno de los potenciadores de los fenómenos migratorios y de la percepción de injusticia en la ribera Sur. La falta de integración y la injusticia – siquiera sea percibida – generan radicalismo y amenazas dentro y fuera de nuestros países.
Los países menos desarrollados económicamente son, además, los más afectados por el CAMBIO CLIMÁTICO.
A estas alturas, está fuera de toda duda que se están acentuando tendencias climáticas que van a modificar el patrón de precipitaciones y a incrementar las temperaturas medias de algunas regiones del Planeta. Si bien no todas se van a ver afectadas del mismo modo, aquellas donde ya existen problemas de falta de agua o de recursos alimenticios serán precisamente las que más sufrirán las consecuencias del llamado calentamiento global.
Estados que se encuentran ya en el límite de sus posibilidades verán como se reducen los recursos disponibles y se incrementan los precios de los alimentos que importan. El cambio más o menos permanente de las condiciones climáticas dará lugar a refugiados medioambientales que, previsiblemente, serán uno o dos órdenes de magnitud más numerosos que los económicos a los que estamos tristemente habituados.
Las condiciones de pobreza y desesperación debilitarán a los Estados con la consiguiente amenaza de su colapso y el riesgo de contagio a las regiones adyacentes.
La tecnología, base del crecimiento y del progreso, no está exenta de peligros derivados del mal uso de la misma. Los mismos instrumentos que pueden utilizarse para multiplicar la producción y el progreso tienen aplicaciones más perversas.
La utilización del Ciberespacio por parte de grupos e individuos con fines criminales lleva tiempo siendo una amenaza que crece según nuestra dependencia del mismo aumenta. Las tecnologías científicas que tanto contribuyen a nuestro progreso y seguridad también corren peligro de ser utilizadas con fines ilícitos.
Para su acometimiento es necesario establecer una relación institucional entre las Administraciones y los desarrolladores y distribuidores de estos servicios que asegure su correcta utilización.
Finalmente, el surgimiento de modelos de desarrollo que no están basados en los valores democráticos
Y de ideologías extremistas en nuestras propias sociedades dan lugar a disfunciones del sistema que nos llevan a un ambiente menos seguro y, potencialmente, desestabilizante.
Las amenazas y riesgos concretos que contempla la EES y las respuestas que prevé a los mismos se recogen en el siguiente capítulo del documento.
Empieza por el más clásico y aquel que más directamente afecta a las Fuerzas Armadas por ser, probablemente, el que mayores efectos puede tener.
Los conflictos armados exigen la actuación antes, durante y después de los mismos. Se pretende prevenirlos en la medida de lo posible antes de la intervención y asegurarse de que la situación final del país es lo suficientemente estable como para no volver a suponer una amenaza como consecuencia de la falta de gobernanza resultante del mismo conflicto. Para ello será necesario aplicar una aproximación integral en la que se encuadren todos los medios diplomáticos, de defensa y de colaboración.
Las Fuerzas Armadas deberán disponer de los medios adecuados a la misión y ser polivalentes, desplegables, flexibles e interoperables entre ellas y con las de nuestros aliados.
La gestión de los conflictos comienza con una adecuada disuasión y anticipación que, en la medida de lo posible, los evite.
El terrorismo, tanto el nacional como el global, debe combatirse con los criterios expresados en la estrategia europea al respecto que prevé la PREVENCIÓN, PROTECCIÓN, PERSECUCIÓN y DISUASIÓN como sus líneas de acción.
En la lucha contra el terrorismo, España privilegia el respeto a los Derechos Humanos. No se puede llevar a cabo una lucha eficaz contra el terror a costa de perder los valores propios que se pretenden defender.
El crimen organizado aparece frecuentemente asociado al terrorismo con el que comparte zonas y, en ocasiones, medios. La mejora de la inteligencia y la coordinación entre los distintos organismos nacionales e internacionales será clave para su combate. Los grupos y organizaciones criminales y las Administraciones están inmersos en un proceso constante de adaptación que implica la necesidad de adecuar los instrumentos jurídicos que se ponen a disposición de la sociedad.
La inseguridad económica y financiera es, por sí misma, un riesgo además de un potenciador de los mismos. Asegurar un desarrollo sostenible será crítico para evitar crisis periódicas que desestabilicen el sistema.
España, más aún que nuestros socios europeos, es altamente dependiente en materia energética. No podemos sentirnos seguros si no tenemos garantizado el acceso a los recursos energéticos que necesitamos para nuestro desarrollo. Para mitigar el problema deberemos diversificar nuestras fuentes energéticas e incrementar la interconexión con nuestros vecinos, implementar medidas de ahorro y eficiencia energética y liberalizar los mercados para aumentar la oferta.
Una parte muy significativa de nuestros suministros llegan por vía marítima o a través de gasoductos submarinos de modo que la protección de nuestras costas y de las rutas comerciales internacionales, estén donde estén, será primordial para garantizar que nuestro acceso a los recursos se mantiene expedito.
Países como Irán o Corea del Norte están desarrollando programas nucleares que podrían llevar – o, en el caso de Corea, han llevado, - a la fabricación de armas atómicas. Unido al desarrollo de misiles de creciente alcance y precisión, este proceso supone un factor desestabilizador para nuestro mundo. España apoya la supresión paulatina de los arsenales nucleares y el Tratado de No Proliferación de armas de destrucción masiva para hacer de éste un mundo más seguro.
Las amenazas cibernéticas se incluyen en todos los documentos relativos a seguridad que se publican en la actualidad. La necesidad de una legislación nacional e internacional que permita actuaciones efectivas, de una colaboración entre las Administraciones públicas y las entidades privadas y la concienciación de los usuarios es la clave. Los organismos encargados deben elaborar mapas de riesgos, catálogos de expertos y de recursos que faciliten el acometimiento de las amenazas tan pronto como se presenten.
La inseguridad económica, los conflictos armados y el cambio climático generan a su vez FLUJOS MIGRATORIOS difícilmente controlables que requieren de la colaboración de aquellos organismos oficiales encargados de regularlos como de las ONG que se han impuesto la labor de aliviar el sufrimiento de los migrantes y el sector privado que tiene un importante en cuanto a la integración de los emigrantes legales una vez en Europa. Ya hemos hecho alusión a esta integración y a los peligros de radicalización y terrorismo que entraña el que no se produzca de forma adecuada. Estamos viendo como son las segundas y terceras generaciones de migrantes las que provocan los mayores problemas en nuestras ciudades; el caso de los banlieues franceses es paradigmático al respecto.
Las EMERGENCIA Y CATÁSTROFES, naturales o no, pasan a formar parte de las preocupaciones que el Gobierno tiene respecto de la seguridad de sus ciudadanos. Escenarios como el de la Central Nuclear de Fukushima Daiichi ilustran a la perfección la necesidad de mejorar los mecanismos de reacción, tanto física como jurídica, al tiempo que proporcionan un ejemplo de cómo una catástrofe natural puede degenerar en un problema ambiental y/o sanitario. Ante estos problemas es necesario adoptar una cultura de la prevención pero, por otro lado, será importante ser capaces de recuperarse convenientemente una vez sufrido el hecho. El concepto de RESILIENCIA, de resistencia adaptativa, de capacidad para ofrecer una cierta resistencia ante un ataque pero, al mismo tiempo, ser capaz de regenerar los daños cuanto antes, se incorpora al vocabulario de los expertos en seguridad en casi todos los ámbitos.
Por último, la necesidad de proteger las INFRAESTRUCTURAS CRÍTICAS lleva tiempo manifestándose ante la posibilidad de un ataque o un accidente que paralizase a la nación por afectar a recursos indispensables para su funcionamiento. Ataques cibernéticos como el del virus Stuxnet a las centrifugadoras de enriquecimiento de Uranio de Irán han vuelto a traer a primera fila la importancia de esta protección. A las infraestructuras tendremos que añadir igualmente los suministros y los servicios esenciales en que se basa el funcionamiento de la Nación.
El último apartado de la Estrategia propone un MODELO INSTITUCIONAL INTEGRADO que evite duplicidades, compartimentación y solapes entre las distintas ramas de la Administración y aproveche las sinergias lo mejor posible.
La mejor coordinación deberá llevarse a cabo a base de un seguimiento de los hitos y marcadores que se establezcan y una evaluación periódica de los resultados.
De nuevo incide la EES en la colaboración y la cooperación entre los distintos actores para dar paso a una relación de nuevos y menos nuevos organismos que centralicen las actuaciones y que sería demasiado prolijo tratar por separado.
Como apuntábamos, la coherencia entre la EES y los documentos equivalente de la Unión Europea y de la Alianza Atlántica es, salvando las diferencias temporales y las derivadas de que unos sean organizaciones supranacionales y España una nación única, insignificantes.
No puede ser de otro modo cuando el mismo Javier Solana ha estado implicado en ambas organizaciones y ha sido el coordinador del trabajo español. España se apoya y apoya a su vez a la UE y a la OTAN a las que considera fundamentales en el contexto actual de seguridad.
Como posible crítica a la EES podemos apuntar su excesiva longitud. El documento de más de ochenta páginas resulta demasiado prolijo en algunas de sus explicaciones y aborda algunos temas de un modo algo confuso; aunque es cierto que la Globalización hace que la relación existente entre cada uno de los distintos aspectos forme un enjambre de conceptos difícil de ordenar.
Aunque menos que la británica, la EES aprovecha para “vender” algunos de los logros y de las políticas del Gobierno concreto que la redactó y se dedica, en ocasiones, a justificar esas políticas durante algunos párrafos. Por otro lado, deja sin desarrollar específicamente algunos aspectos que pudieran ser controvertidos como el de los recursos hídricos, que podrían tener lectura en clave nacional, a pesar de incluirlos en otros apartados como el del desarrollo o el del medio ambiente.
He querido reservar para el final la frase que creo resume mejor el espíritu de la EES y la realidad de la Seguridad mundial: “Los límites de la seguridad interior y la seguridad exterior se han difuminado. (…) Sólo un enfoque integral, que conciba la seguridad de manera amplia e interdisciplinar, a nivel nacional, europeo e internacional, puede responder a los complejos retos a que nos enfrentamos.”
La frase encierra la promesa de muchos cambios en todos los órdenes para adaptarse a la cambiante realidad que nos ha tocado vivir. Las Fuerzas Armadas están cada vez más plenamente integradas en el día a día de la sociedad y ésta en el cumplimiento de la misión de proporcionar seguridad tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
Como veremos, el hecho de que Javier Solana estuviera al frente del equipo que elabora la EES permite que la misma esté perfectamente alineada con las de las principales organizaciones de Seguridad a que pertenece España y en las que la experiencia de Solana – que dirigió también la elaboración de la Estrategia Europea del 2.003 y cuya impronta está presente en el Nuevo Concepto de Seguridad de la OTAN.
La EES es consecuencia de la intervención del Presidente del Gobierno durante el discurso de investidura en el cual anunció su elaboración durante la misma. Sin embargo, distintas circunstancias han ido retrasando hasta este verano su publicación pese a que su redacción estaba terminada, como estaba previsto, a finales de Noviembre del año pasado. A los condicionantes políticos internos de España hay que añadir el ritmo frenético de los acontecimientos mundiales de los últimos años y, en particular, de los últimos meses. La confluencia de la crisis financiera con la económica que se desató a consecuencia de aquella y con las revueltas que siguen teniendo lugar en muchos lugares del mundo árabe vecino de nuestra región.
El principal valor de la EES respecto de las Directivas de Defensa Nacional que marcan la pauta a seguir por el Ministerio de Defensa estriba en su carácter pluri-ministerial. Evidentemente, en este sentido, está a un nivel superior respecto de la Revisión Estratégica de la Defensa o el Libro Blanco de la Defensa de 2.000. Mientras que todos estos documentos hablan exclusivamente de defensa y de las responsabilidades del Ministerio de Defensa, la Estrategia comprende distintos los aspectos de la Seguridad y es, por lo tanto, más amplio.
Se trata, como señala en múltiples ocasiones, de un documento que pretende establecer una aproximación integral a la seguridad en España y determinar la aportación de cada uno de los distintos actores, estatales o no, a la misma. De algún modo, pretende ser un documento de referencia para generar políticas concretas en los distintos organismos y una guía a la hora de definir las prioridades nacionales en materia de Seguridad.
Igualmente, su vocación de permanencia en el tiempo – que expresa con un horizonte temporal de diez años y de cinco para una posible revisión intermedia – permite, por primera vez, albergar esperanzas de que la Seguridad se convierta en asunto de Estado por encima de los criterios concretos de los partidos.
Lejos de ser el final del camino, la EES supone la base sobre la que construir las estrategias concretas para cada política trasversal, para cada región de interés para España y para cada ministerio.
Su sub-título, “Una responsabilidad de todos” deja muy claro que su valor trasciende al Ministerio de Defensa e, incluso, al Gobierno mismo para abrir las puertas a la participación de las autoridades autonómicas, provinciales y locales así como a ONG, empresas y particulares en un esfuerzo sinérgico por dotar a nuestro país de una estabilidad y de una visión a largo plazo.
La EES comienza con un Resumen Ejecutivo y una justificación de la necesidad de su existencia. Este capítulo – innecesario en documentos equivalentes de otros países que están más asentados y han visto ya distintas versiones – no presenta una excusa para su ejecución sino que hace sentir que la excusa es necesaria para justificar su inexistencia hasta el momento.
Pretende la EES “analizar las amenazas y riesgos a nuestra sociedad, identificar líneas de respuesta y definir mecanismos de coordinación” en un esfuerzo sin precedentes a este nivel. Analizar las amenazas supone definir aquellas vulnerabilidades que presenta nuestra seguridad ante la acción de un agente externo o interno. Definir los riesgos exige identificar aquellos puntos débiles que pueden suponer un peligro en caso de catástrofe natural o accidental. La visión de la seguridad que se ofrece va mucho más allá de la de una defensa frente a un enemigo externo para adentrarse en una mezcla de los conceptos de security y de safety; una seguridad global que nos proteja contra la acción de un agente con voluntad propia tanto como de accidentes o de los elementos.
La identificación de líneas de respuesta busca definir pautas de comportamiento o de actuación genéricas para que cada administración, organismo, empresa o particular tenga una referencia sobre cual es la actuación que se considera más eficaz. Definidas estas líneas de respuesta, procede establecer aquellos mecanismos que permitirán la coordinación de las actuaciones concretas de cada uno de estos actores para aprovechar las posibles sinergias existentes y para evitar interferencias entre ellos.
El desarrollo por parte de cada uno de los actores de sus propias propuestas y el papel que jugarán los organismos que se crean para coordinarlas será crucial para el éxito futuro de la Estrategia.
En este sentido, aunque poniendo por delante al Gobierno y al conjunto de las Administraciones públicas a todos los niveles, la EES hace hincapié en la necesidad de que la sociedad en su conjunto se implique en la seguridad que, afirma, es responsabilidad de todos.
Más adelante vuelve a incidir en este aspecto aunque esta vez poniendo el énfasis en la necesidad de que la colaboración sea tanto a nivel interno, entre los distintos actores sociales nacionales, como a nivel internacional. En este sentido, la EES destaca el papel que tanto la Alianza Atlántica como la Unión Europea representan para la Seguridad en España.
La EES no deja de ser un documento político y, para lo bueno y para lo malo, está muy influenciado por las circunstancias concretas del momento histórico en que ha sido redactada. Esto debe ser así para que pueda responder a las amenazas y a los riesgos actuales pero, al mismo tiempo, condiciona los contenidos y los puntos de vista que expresa. Inevitablemente, es también el producto ofrecido por un Gobierno concreto que, aunque buscando el consenso con el resto de las fuerzas políticas, refleja en él su propia visión de la realidad y pretende ser coherente con los pasos dados hasta el presente al tiempo que marcar las pautas para el futuro.
España, se reconoce en la EES, tiene intereses globales que defender y amenazas y riesgos transnacionales que afrontar. La actual participación española en misiones como la del Líbano o la que tiene lugar contra la piratería y en defensa del Programa Mundial de Alimentos en el Cuerno de África – la misión Atalanta – quedan recogidas en la EES. Igualmente, la lucha contra el terrorismo y el favorecimiento de la gobernanza mundial pueden interpretarse como intereses que defender y amenazas que afrontar y justificar, de este modo, la presencia española más allá de nuestras fronteras para preservar nuestra seguridad.
La EES no pretende ir más allá para definir qué tipo de intereses habrá que defender o cuáles son las amenazas transnacionales que justifican la presencia de nuestras Fuerzas Armadas en el extranjero pero cabe deducir que aquellas que se recogen en el cuerpo de la publicación entrarían dentro de esta categoría.
Para ello, se reconoce igualmente la necesidad de adaptación orgánica y normativa de las Administraciones Públicas. Se deja así de vaga la restructuración que debe de tener lugar pero de la lectura completa del documento se pueden extraer algunas conclusiones que afectarían al conjunto de las administraciones públicas y, sin lugar a dudas, a los organismos más directamente implicados en proporcionar seguridad a la sociedad. Cabe inferir que tanto las Fuerzas Armadas como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado deben entrar en un proceso de adaptación a este nuevo concepto de seguridad global y que tendrán que asumir nuevas funciones según vaya desarrollándose la EES.
La creación de un Consejo Español de Seguridad se prevé como agente líder en este proceso de adaptación.
Cabe enfatizar el hecho de que la EES menciona que la adaptación deberá ser orgánica y normativa. Evidentemente, cuando lo expresa así, pretende ir más allá de decir que a la adaptación orgánica seguirá la correspondiente de la normativa que recoja estos cambios. Se puede pensar con buenos motivos que ambas reformas se irán desarrollando de forma paralela con el objetivo de hacer frente a riesgos y amenazas de nuevo cuño o apoyadas en unas tecnologías que las hacen diferentes de aquellas para las que organismos y normativa estaban diseñados. Cabe pensar, por ejemplo, en una regulación específica del Ciberespacio que permita crear un entorno seguro donde operar o de una redistribución de las funciones de algunas partes de la Administración de modo que se aprovechen las sinergias posibles entre ellas.
La estructura de la EES, a partir de su Resumen Ejecutivo y de la justificación de su existencia, se divide en cuatro apartados principales que van analizando sucesivamente LA SEGURIDAD DE ESPAÑA EN EL MUNDO. La Seguridad nacional no puede, como hemos visto, entenderse como desvinculada del resto del mundo cuando estamos en un ambiente globalizado en el que todos los factores en todos los países se influencian mutuamente. España necesita un mundo seguro para poder estar segura ella misma.
A continuación se definen los POTENCIADORES DEL RIESGO. En un mundo globalizado, los pequeños detalles se convierten en grandes problemas en función de circunstancias sobre las que podemos ejercer un pequeño control o ninguno en absoluto. Identificar las políticas nacionales respecto de determinados aspectos como el cambio climático o el desigual reparto de la riqueza contribuye poderosamente a nuestra seguridad.
Las AMENAZAS, RIESGOS Y RESPUESTAS a ambos propiamente dichos se tratan en el siguiente capítulo. Recordemos que estamos hablando de una multiplicidad de factores y que difícilmente se van a presentar de forma individual o separada de los demás.
Finalmente, la EES define un MODELO INSTITUCIONAL INTEGRADO; para ello prevé la creación – en algunos casos ya ha tenido lugar – de organismos para la coordinación o la gestión de los riesgos y amenazas. Se trata de un conjunto de organizaciones de alto nivel que conducirán la adaptación orgánica y normativa a que hacía mención antes.
Veremos, finalmente, como la EES está incardinada dentro de las estrategias y las políticas de la Unión Europea y de la Alianza Atlántica así como cómo es similar a las de los países de nuestro entorno.
LA SEGURIDAD DE ESPAÑA EN EL MUNDO, primera de las cuatro partes principales del documento.
A modo de introducción en la situación de España en el mundo se nos empiezan por describir las peculiaridades de España y la necesidad de atender a su propia Seguridad. España tiene una responsabilidad para consigo misma, el Gobierno para con sus ciudadanos, pero también éstos consigo mismos; pero también tiene que tener en cuenta que forma parte de un mundo globalizado en el que las amenazas y los riesgos se comparten en muy buena medida por parte de todos. No sólo tiene España que asegurar su propia seguridad sino que tiene que contribuir a la del mundo en general. Por un lado, evitando exportar riesgos a nuestros vecinos y, por otro, ayudando a aquellas naciones en problemas, incapaces de gobernarse a sí mismos o de proporcionar a sus ciudadanos el grado de seguridad adecuado, a acceder a los medios y a los procedimientos para conseguir su propia seguridad.
Como primer referente, España está enmarcada dentro de la Unión Europea, con la que se siente identificada y a la que pertenece culturalmente. La influencia mutua en todos los órdenes que ejerce Europa en España y viceversa se deja notar en la EES y en las políticas comunes que se basan en valores compartidos.
No obstante, buena parte de nuestra seguridad está depositada en la alianza con los Estados Unidos a través de la OTAN. España reconoce el valor de dicha Alianza como instrumento para construir un mundo más seguro y valora el papel de los Estados Unidos dentro de ella y del mundo en su conjunto.
Destaca también la EES la importancia de Rusia en un puesto privilegiado en su texto que equivale al que ocupa geopolíticamente respecto de Europa. La necesidad de incrementar los vínculos con la Federación Rusa en materia de seguridad se traduce en múltiples facetas de la misma, desde la energética a la mediambiental o a la antiterrorista pasando por la lucha contra la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva.
Para España, sin embargo, tiene una especial trascendencia el vínculo que mantenemos con los países de Iberoamérica y con la población hispana del otro lado del Atlántico. El incremento de la colaboración con ellos resulta fundamental. No hay que olvidar que, aparte la identificación que sentimos con ellos por nuestro pasado común, la relación entre España y Sudamérica se ha estrechado últimamente con el incremento del flujo comercial pero también con el aumento del número de ciudadanos de aquellos países que han buscado establecerse en el nuestro. A nuestra preocupación por el bienestar y la seguridad de los pueblos de América Latina hay que unir la resolución de problemas que compartimos como puede ser el narcotráfico y el crimen organizado.
La EES describe a continuación nuestra relación con otra de las regiones clave para nuestra seguridad. El Magreb, zona convulsa en los últimos tiempos, es una referencia en nuestra política exterior y también es clave para nuestra seguridad. No sólo la proximidad geográfica, sino también la cultural y la dependencia que, en muchos aspectos, mantienen los países de ambas riberas del Mediterráneo, son cruciales en el esquema general de nuestra seguridad colectiva.
Más al Sur, el África Subsahariana cobra relevancia creciente en los últimos años como lugar de procedencia de un número importante de emigrantes, foco de inestabilidad y terrorismo, ruta del narcotráfico y reserva de recursos energéticos y minerales. España necesita estar presente en África.
Por último, la presencia de nuestras tropas en Afganistán y el Líbano en el corto plazo y el desplazamiento del centro de gravedad geoestratégico hacia la región indo-pacífica acrecientan el interés y la influencia que tiene Asia en nuestra seguridad.
En un mundo globalizado, la gobernanza nacional resulta fundamental pero no es suficiente para garantizar la seguridad. Las Organizaciones Internacionales a las que pertenece España deben transformarse y adaptarse a los tiempos para ser capaces de proporcionar una gobernanza mundial consensuada y para ayudar a aquellos países con problemas internos a alcanzar una situación estable que contribuya a la estabilidad general.
En resumen: “España es una potencia media europea con características propias, tiene intereses globales que defender y fomentar, y puede tener que comprometerse con actuaciones lejanas. La acción exterior del Gobierno se complementa con la actividad de las Comunidades Autónomas y las Entidades Locales, y con la sociedad civil y el sector privado.”
La EES marca también en este capítulo lo que se consideran los INTERESES NACIONALES que define como La vida, la libertad, la democracia, el bienestar y el desarrollo de sus ciudadanos en primer lugar.
Enlaza después la misión que las Reales Ordenanzas encomiendas a los miembros de las Fuerzas Armadas, señalando la Soberanía, integridad territorial, ordenamiento constitucional, de forma casi literal a como se recoge en aquellas pero añadiendo la seguridad económica, probablemente fruto de las circunstancias presentes que viven el mundo económico y financiero.
Por último, incluye un Entorno pacífico y seguro como respuesta a la Globalización que lo hace necesario como requisito para los anteriores.
En los mismos intereses está implícita de nueva la idea de una seguridad global, entendida como base para el progreso y la felicidad, el bienestar y el desarrollo. Se abandona la idea de una Seguridad ligada exclusivamente a la Defensa para incorporar un ambiente propicio general.
Como hemos visto, todo ello se desmenuza en detalle para las Regiones de Interés que ya mencionamos antes.
Para enfrentarse al reto que supone la Seguridad en España y en el mundo, la EES establece una serie de principios de actuación de la política española en este sentido.
Para empezar, la actuación internacional de nuestro país tiene lugar dentro del marco europeo y las iniciativas que se adopten deben estar consensuadas con nuestros socios comunitarios para lograr que sean lo más eficaces posible. La virtual desaparición de las fronteras al tráfico de bienes, personas y servicios supone la aplicación del Tratado de Schengen hace que la seguridad en cada uno de los países europeos sólo pueda entenderse como contribución a la seguridad del conjunto de ellos.
Lo que es más, España apuesta por un multilateralismo efectivo que dé cabida a multitud de actores y que permita la contribución de todos a la consecución del objetivo común de conseguir un mundo más seguro y estable. Todo ello respetando la legalidad internacional y buscando la legitimidad de las acciones emprendidas; lo que no obsta para que, al mismo tiempo, se pretenda potenciar la reforma de aquellas instituciones internacionales que lo precisen para que este multilateralismo pueda hacerse efectivo.
Dentro de estas actuaciones que se llevan a cabo en conjunción con la política europea en su conjunto, la construcción de la Paz tiene un carácter muy relevante en la EES. La Paz es una condición previa a la seguridad y a la libertad de las personas y su ausencia da lugar a Estados frágiles o fallidos que exportan inseguridad al resto del mundo. España está comprometida con la Paz como vehículo para alcanzar la seguridad.
En sus intervenciones tendrá en cuenta la necesidad de proteger a los civiles y actuará según el principio de la Responsabilidad de Proteger.
El segundo capítulo de desarrollo de la EES nos acerca a los elementos potenciadores del riesgo. Recordamos que no se trata de amenazas o riesgos en sí mismos sino de aquellos condicionantes que están modificando las circunstancias normales en que se producen aquellos.
El primero de los que nos presenta tiene que ver con las DISFUNCIONES QUE INTRODUCE LA GLOBALIZACIÓN.
Ya hemos mencionado antes la necesidad de potenciar una GOBERNANZA GLOBAL efectiva que sea representativa de la humanidad en su conjunto y que apoye la estabilidad en cada uno de los países de modo que el clima general sea propicio a las relaciones pacíficas entre los distintos actores.
Evidentemente, los desequilibrios macroeconómicos condicionan esta estabilidad. Las balanzas comerciales excesivamente desequilibradas ponen en peligro la convivencia pacífica de los Estados; Estados que, por otro lado, cada vez tienen más limitada su capacidad para actuar por sí mismos ante la dimensión multinacional que adquieren los problemas y la movilidad que la Globalización permite a los generadores de riesgos y amenazas.
Los DESEQUILIBRIOS DEMOGRÁFICOS que siempre han existido de algún modo ven acentuada su importancia por la creciente movilidad de las personas.
El crecimiento experimentado en las poblaciones de los países en desarrollo, cuyas pirámides poblacionales reflejan unas medias de edad en el entorno de la veintena, con un alto índice de desempleo y un desencanto creciente contrastan con el envejecimiento de las poblaciones de muchos países desarrollados y de otros, como China, que se están incorporando a esta categoría progresivamente. Este envejecimiento pone en riesgo los modelos de cohesión social y amenazan con hacer insostenible el Estado del Bienestar en una Europa cuyo crecimiento demográfico depende en exclusiva de la inmigración. Estas migraciones son, por otro lado, vistas como una amenaza por algunos sectores de la población; sobre todo cuando presentan problemas de integración con las poblaciones de destino. De ahí resultan problemas de racismo y xenofobia entre ambos grupos de población que generan tensiones sociales y disturbios como los que se han vivido recientemente en varios países europeos.
La pobreza y la desigualdad no son algo exclusivo, por lo tanto, de países en vías de desarrollo. Nuestras sociedades avanzadas también presentan bolsas de marginalidad que suponen un claro riesgo de desestabilización.
La falta de oportunidades supone un freno a las posibilidades de progreso y un riesgo a la estabilidad de las sociedades. El diferencial de renta que existe entre las dos orillas del Mediterráneo es el mayor del mundo y uno de los potenciadores de los fenómenos migratorios y de la percepción de injusticia en la ribera Sur. La falta de integración y la injusticia – siquiera sea percibida – generan radicalismo y amenazas dentro y fuera de nuestros países.
Los países menos desarrollados económicamente son, además, los más afectados por el CAMBIO CLIMÁTICO.
A estas alturas, está fuera de toda duda que se están acentuando tendencias climáticas que van a modificar el patrón de precipitaciones y a incrementar las temperaturas medias de algunas regiones del Planeta. Si bien no todas se van a ver afectadas del mismo modo, aquellas donde ya existen problemas de falta de agua o de recursos alimenticios serán precisamente las que más sufrirán las consecuencias del llamado calentamiento global.
Estados que se encuentran ya en el límite de sus posibilidades verán como se reducen los recursos disponibles y se incrementan los precios de los alimentos que importan. El cambio más o menos permanente de las condiciones climáticas dará lugar a refugiados medioambientales que, previsiblemente, serán uno o dos órdenes de magnitud más numerosos que los económicos a los que estamos tristemente habituados.
Las condiciones de pobreza y desesperación debilitarán a los Estados con la consiguiente amenaza de su colapso y el riesgo de contagio a las regiones adyacentes.
La tecnología, base del crecimiento y del progreso, no está exenta de peligros derivados del mal uso de la misma. Los mismos instrumentos que pueden utilizarse para multiplicar la producción y el progreso tienen aplicaciones más perversas.
La utilización del Ciberespacio por parte de grupos e individuos con fines criminales lleva tiempo siendo una amenaza que crece según nuestra dependencia del mismo aumenta. Las tecnologías científicas que tanto contribuyen a nuestro progreso y seguridad también corren peligro de ser utilizadas con fines ilícitos.
Para su acometimiento es necesario establecer una relación institucional entre las Administraciones y los desarrolladores y distribuidores de estos servicios que asegure su correcta utilización.
Finalmente, el surgimiento de modelos de desarrollo que no están basados en los valores democráticos
Y de ideologías extremistas en nuestras propias sociedades dan lugar a disfunciones del sistema que nos llevan a un ambiente menos seguro y, potencialmente, desestabilizante.
Las amenazas y riesgos concretos que contempla la EES y las respuestas que prevé a los mismos se recogen en el siguiente capítulo del documento.
Empieza por el más clásico y aquel que más directamente afecta a las Fuerzas Armadas por ser, probablemente, el que mayores efectos puede tener.
Los conflictos armados exigen la actuación antes, durante y después de los mismos. Se pretende prevenirlos en la medida de lo posible antes de la intervención y asegurarse de que la situación final del país es lo suficientemente estable como para no volver a suponer una amenaza como consecuencia de la falta de gobernanza resultante del mismo conflicto. Para ello será necesario aplicar una aproximación integral en la que se encuadren todos los medios diplomáticos, de defensa y de colaboración.
Las Fuerzas Armadas deberán disponer de los medios adecuados a la misión y ser polivalentes, desplegables, flexibles e interoperables entre ellas y con las de nuestros aliados.
La gestión de los conflictos comienza con una adecuada disuasión y anticipación que, en la medida de lo posible, los evite.
El terrorismo, tanto el nacional como el global, debe combatirse con los criterios expresados en la estrategia europea al respecto que prevé la PREVENCIÓN, PROTECCIÓN, PERSECUCIÓN y DISUASIÓN como sus líneas de acción.
En la lucha contra el terrorismo, España privilegia el respeto a los Derechos Humanos. No se puede llevar a cabo una lucha eficaz contra el terror a costa de perder los valores propios que se pretenden defender.
El crimen organizado aparece frecuentemente asociado al terrorismo con el que comparte zonas y, en ocasiones, medios. La mejora de la inteligencia y la coordinación entre los distintos organismos nacionales e internacionales será clave para su combate. Los grupos y organizaciones criminales y las Administraciones están inmersos en un proceso constante de adaptación que implica la necesidad de adecuar los instrumentos jurídicos que se ponen a disposición de la sociedad.
La inseguridad económica y financiera es, por sí misma, un riesgo además de un potenciador de los mismos. Asegurar un desarrollo sostenible será crítico para evitar crisis periódicas que desestabilicen el sistema.
España, más aún que nuestros socios europeos, es altamente dependiente en materia energética. No podemos sentirnos seguros si no tenemos garantizado el acceso a los recursos energéticos que necesitamos para nuestro desarrollo. Para mitigar el problema deberemos diversificar nuestras fuentes energéticas e incrementar la interconexión con nuestros vecinos, implementar medidas de ahorro y eficiencia energética y liberalizar los mercados para aumentar la oferta.
Una parte muy significativa de nuestros suministros llegan por vía marítima o a través de gasoductos submarinos de modo que la protección de nuestras costas y de las rutas comerciales internacionales, estén donde estén, será primordial para garantizar que nuestro acceso a los recursos se mantiene expedito.
Países como Irán o Corea del Norte están desarrollando programas nucleares que podrían llevar – o, en el caso de Corea, han llevado, - a la fabricación de armas atómicas. Unido al desarrollo de misiles de creciente alcance y precisión, este proceso supone un factor desestabilizador para nuestro mundo. España apoya la supresión paulatina de los arsenales nucleares y el Tratado de No Proliferación de armas de destrucción masiva para hacer de éste un mundo más seguro.
Las amenazas cibernéticas se incluyen en todos los documentos relativos a seguridad que se publican en la actualidad. La necesidad de una legislación nacional e internacional que permita actuaciones efectivas, de una colaboración entre las Administraciones públicas y las entidades privadas y la concienciación de los usuarios es la clave. Los organismos encargados deben elaborar mapas de riesgos, catálogos de expertos y de recursos que faciliten el acometimiento de las amenazas tan pronto como se presenten.
La inseguridad económica, los conflictos armados y el cambio climático generan a su vez FLUJOS MIGRATORIOS difícilmente controlables que requieren de la colaboración de aquellos organismos oficiales encargados de regularlos como de las ONG que se han impuesto la labor de aliviar el sufrimiento de los migrantes y el sector privado que tiene un importante en cuanto a la integración de los emigrantes legales una vez en Europa. Ya hemos hecho alusión a esta integración y a los peligros de radicalización y terrorismo que entraña el que no se produzca de forma adecuada. Estamos viendo como son las segundas y terceras generaciones de migrantes las que provocan los mayores problemas en nuestras ciudades; el caso de los banlieues franceses es paradigmático al respecto.
Las EMERGENCIA Y CATÁSTROFES, naturales o no, pasan a formar parte de las preocupaciones que el Gobierno tiene respecto de la seguridad de sus ciudadanos. Escenarios como el de la Central Nuclear de Fukushima Daiichi ilustran a la perfección la necesidad de mejorar los mecanismos de reacción, tanto física como jurídica, al tiempo que proporcionan un ejemplo de cómo una catástrofe natural puede degenerar en un problema ambiental y/o sanitario. Ante estos problemas es necesario adoptar una cultura de la prevención pero, por otro lado, será importante ser capaces de recuperarse convenientemente una vez sufrido el hecho. El concepto de RESILIENCIA, de resistencia adaptativa, de capacidad para ofrecer una cierta resistencia ante un ataque pero, al mismo tiempo, ser capaz de regenerar los daños cuanto antes, se incorpora al vocabulario de los expertos en seguridad en casi todos los ámbitos.
Por último, la necesidad de proteger las INFRAESTRUCTURAS CRÍTICAS lleva tiempo manifestándose ante la posibilidad de un ataque o un accidente que paralizase a la nación por afectar a recursos indispensables para su funcionamiento. Ataques cibernéticos como el del virus Stuxnet a las centrifugadoras de enriquecimiento de Uranio de Irán han vuelto a traer a primera fila la importancia de esta protección. A las infraestructuras tendremos que añadir igualmente los suministros y los servicios esenciales en que se basa el funcionamiento de la Nación.
El último apartado de la Estrategia propone un MODELO INSTITUCIONAL INTEGRADO que evite duplicidades, compartimentación y solapes entre las distintas ramas de la Administración y aproveche las sinergias lo mejor posible.
La mejor coordinación deberá llevarse a cabo a base de un seguimiento de los hitos y marcadores que se establezcan y una evaluación periódica de los resultados.
De nuevo incide la EES en la colaboración y la cooperación entre los distintos actores para dar paso a una relación de nuevos y menos nuevos organismos que centralicen las actuaciones y que sería demasiado prolijo tratar por separado.
Como apuntábamos, la coherencia entre la EES y los documentos equivalente de la Unión Europea y de la Alianza Atlántica es, salvando las diferencias temporales y las derivadas de que unos sean organizaciones supranacionales y España una nación única, insignificantes.
No puede ser de otro modo cuando el mismo Javier Solana ha estado implicado en ambas organizaciones y ha sido el coordinador del trabajo español. España se apoya y apoya a su vez a la UE y a la OTAN a las que considera fundamentales en el contexto actual de seguridad.
Como posible crítica a la EES podemos apuntar su excesiva longitud. El documento de más de ochenta páginas resulta demasiado prolijo en algunas de sus explicaciones y aborda algunos temas de un modo algo confuso; aunque es cierto que la Globalización hace que la relación existente entre cada uno de los distintos aspectos forme un enjambre de conceptos difícil de ordenar.
Aunque menos que la británica, la EES aprovecha para “vender” algunos de los logros y de las políticas del Gobierno concreto que la redactó y se dedica, en ocasiones, a justificar esas políticas durante algunos párrafos. Por otro lado, deja sin desarrollar específicamente algunos aspectos que pudieran ser controvertidos como el de los recursos hídricos, que podrían tener lectura en clave nacional, a pesar de incluirlos en otros apartados como el del desarrollo o el del medio ambiente.
He querido reservar para el final la frase que creo resume mejor el espíritu de la EES y la realidad de la Seguridad mundial: “Los límites de la seguridad interior y la seguridad exterior se han difuminado. (…) Sólo un enfoque integral, que conciba la seguridad de manera amplia e interdisciplinar, a nivel nacional, europeo e internacional, puede responder a los complejos retos a que nos enfrentamos.”
La frase encierra la promesa de muchos cambios en todos los órdenes para adaptarse a la cambiante realidad que nos ha tocado vivir. Las Fuerzas Armadas están cada vez más plenamente integradas en el día a día de la sociedad y ésta en el cumplimiento de la misión de proporcionar seguridad tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
Indignado
Indignado. Curiosa expresión. Bastante suave para lo que se quiere expresar y mucho más en español. ¡Con lo rico que es el idioma en palabras mucho más "gruesas"!
Estoy indignado, por seguir la expresión al uso. Moderadamente indignado, porque, efectivamente, si no, estaría otras cosas peores. Y lo estoy moderadamente, no porque la situación no se merezca estar muy indignado sino porque así es como nos tomamos las cosas en estas latitudes y, mucho más, en estas fechas en las que la canícula y "la caló" invitan a tomarse un gazpacho bien frío y dejar que pase el verano y la crisis.
Mi indignación viene, precisamente, de eso, de la crisis. No porque haya crisis, que eso es algo que ocurre periodicamente en cualquier sistema humano que se precie. No. Estoy indignado porque se han inventado la crisis. Más que inventado, la han creado. Ese era el principio de mi indignación. Que unos señores nos vendieran que el mundo era Jauja y que todo valía porque querían colocar un montón de billetes de Monopoly, es decir, billetes que, en realidad, no tenía nadie.
La idea es que, mientras yo me tomaba unas merecidas vacaciones en un sitio al que jamás pensé que me llevaría mi sueldo, esos señores aprovechaban la que habían montado para llenarse los bolsillos de millones. ¿A quién le importaba cuando los billetes eran de Monopoly? No había problema porque había billetes para todos y, como todos estábamos en la cresta de la ola, todos nos dejábamos llevar.
Ahora la ola ha roto. Y ha roto porque se han terminado los billetes de verdad y sólo quedan los del Monopoly. Como los de verdad ya los tienen todos ellos, o casi todos, el sistema ya no funciona como antes. Ahora hay que exprimir los billetes que habrá, los que imprime la Reserva Federal esa que acusa a los chinos de intervencionistas, los que imprime la Casa Blanca para pagarle a los banqueros el favor de prestarnos después parte de ese dinero... con intereses. Por lo tanto, habrá que hacer que los intereses sean más altos. Cuando el dinero lo tenía la gente, intereses bajos para que los bancos paguen menos, ahora que lo tienen los bancos, intereses altos para que la gente pague más.
Vamos, que como esta mañana he llegado tarde a trabajar, me voy a ir temprano para compensar.
Como el dinero no se crea (excepto cuando hace falta para pagar a los banqueros) ni se destruye, sino que cambia de unas manos menos hábiles a otras que lo son más, lo de la crisis actual es mentira. Sigue habiendo dinero, lo que pasa es que lo tienen todo unos pocos. Y no precisamente los que más han trabajado para ganarlo, sino los más listos a la hora de aplicar una serie de reglas bastante absurdas que sólo sirven para que esos señores se llenen los bolsillos.
Porque, ¿por qué tiene que valer menos mi trabajo sólo porque un imberbe encorbatado en Nueva York decida que no se fía de que mi país vaya a ser capaz de pagar sus deudas?¿O mi banco?¿Qué tiene Estados Unidos - aparte del dólar y a los Marines - que no tenga Grecia? Porque, en realidad, puestos a mirarlo bien, ellos sí que tienen una deuda absolutamene descomunal. ¿Están esperando a que volvamos a pagársela los demás? (pregunta retórica, claro que sí).
Además de los señores estos que han cambiado el gorrito ese de la cocorota por la raqueta de paddle y que deciden quién es solvente y quién no, hay otros que han convertido el mundo en su casino particular. Se dedican a apostar a que a fulanito le va bien o que a menganito le va mal. Y, claro, como es su casino particular, las reglas las ponen ellos. Si ellos apuestan a que va mal, como su apuesta es muy grande, todos piensan que es porque mucha gente piensa que va mal. Y, entonces, va mal. Conclusión, la banca gana.
A todo esto, los que seguimos levantándonos temprano para ir a trabajar y producir lo que se comen esos señores no tenemos voz ni voto en cuanto a lo que vale nuestro trabajo. Bueno, tenemos voto pero, como al final el voto va a ir a las listas que han confeccionado con mucho cuidadito de que no se cuele nadie, es como no tenerlo.
Ya se encargarán ellos de contarte después lo que tienes que pensar. En este mundo global nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del canal en que se mira.
Estoy indignado, por seguir la expresión al uso. Moderadamente indignado, porque, efectivamente, si no, estaría otras cosas peores. Y lo estoy moderadamente, no porque la situación no se merezca estar muy indignado sino porque así es como nos tomamos las cosas en estas latitudes y, mucho más, en estas fechas en las que la canícula y "la caló" invitan a tomarse un gazpacho bien frío y dejar que pase el verano y la crisis.
Mi indignación viene, precisamente, de eso, de la crisis. No porque haya crisis, que eso es algo que ocurre periodicamente en cualquier sistema humano que se precie. No. Estoy indignado porque se han inventado la crisis. Más que inventado, la han creado. Ese era el principio de mi indignación. Que unos señores nos vendieran que el mundo era Jauja y que todo valía porque querían colocar un montón de billetes de Monopoly, es decir, billetes que, en realidad, no tenía nadie.
La idea es que, mientras yo me tomaba unas merecidas vacaciones en un sitio al que jamás pensé que me llevaría mi sueldo, esos señores aprovechaban la que habían montado para llenarse los bolsillos de millones. ¿A quién le importaba cuando los billetes eran de Monopoly? No había problema porque había billetes para todos y, como todos estábamos en la cresta de la ola, todos nos dejábamos llevar.
Ahora la ola ha roto. Y ha roto porque se han terminado los billetes de verdad y sólo quedan los del Monopoly. Como los de verdad ya los tienen todos ellos, o casi todos, el sistema ya no funciona como antes. Ahora hay que exprimir los billetes que habrá, los que imprime la Reserva Federal esa que acusa a los chinos de intervencionistas, los que imprime la Casa Blanca para pagarle a los banqueros el favor de prestarnos después parte de ese dinero... con intereses. Por lo tanto, habrá que hacer que los intereses sean más altos. Cuando el dinero lo tenía la gente, intereses bajos para que los bancos paguen menos, ahora que lo tienen los bancos, intereses altos para que la gente pague más.
Vamos, que como esta mañana he llegado tarde a trabajar, me voy a ir temprano para compensar.
Como el dinero no se crea (excepto cuando hace falta para pagar a los banqueros) ni se destruye, sino que cambia de unas manos menos hábiles a otras que lo son más, lo de la crisis actual es mentira. Sigue habiendo dinero, lo que pasa es que lo tienen todo unos pocos. Y no precisamente los que más han trabajado para ganarlo, sino los más listos a la hora de aplicar una serie de reglas bastante absurdas que sólo sirven para que esos señores se llenen los bolsillos.
Porque, ¿por qué tiene que valer menos mi trabajo sólo porque un imberbe encorbatado en Nueva York decida que no se fía de que mi país vaya a ser capaz de pagar sus deudas?¿O mi banco?¿Qué tiene Estados Unidos - aparte del dólar y a los Marines - que no tenga Grecia? Porque, en realidad, puestos a mirarlo bien, ellos sí que tienen una deuda absolutamene descomunal. ¿Están esperando a que volvamos a pagársela los demás? (pregunta retórica, claro que sí).
Además de los señores estos que han cambiado el gorrito ese de la cocorota por la raqueta de paddle y que deciden quién es solvente y quién no, hay otros que han convertido el mundo en su casino particular. Se dedican a apostar a que a fulanito le va bien o que a menganito le va mal. Y, claro, como es su casino particular, las reglas las ponen ellos. Si ellos apuestan a que va mal, como su apuesta es muy grande, todos piensan que es porque mucha gente piensa que va mal. Y, entonces, va mal. Conclusión, la banca gana.
A todo esto, los que seguimos levantándonos temprano para ir a trabajar y producir lo que se comen esos señores no tenemos voz ni voto en cuanto a lo que vale nuestro trabajo. Bueno, tenemos voto pero, como al final el voto va a ir a las listas que han confeccionado con mucho cuidadito de que no se cuele nadie, es como no tenerlo.
Ya se encargarán ellos de contarte después lo que tienes que pensar. En este mundo global nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del canal en que se mira.
China, un país de contrastes
De la conferencia impartida en la Academia de Caballería de Valladolid.
Éste es un momento particularmente adecuado ya que acaba de publicarse el XII Plan Quinquenal y el séptimo Libro Blanco de la Defensa en lo que llevamos de año.
El título del Seminario, “China, el dragón ha despertado” no podría ser más adecuado. Los chinos hablan de un periodo oscuro, perdido, cuando se refieren al último siglo y pico desde que su contacto con Occidente les desplazó del lugar de preeminencia que dan por sentado que tienen que tener.
De hecho, China se llama a sí misma “El Imperio del Centro”, se considera históricamente la referencia regional, el pivote alrededor del que gira el mundo.
La misma geografía física del país le convierte en una isla dentro de un continente. Los accidentes geográficos que rodean a China hacen de ella un universo aparte. Hablando hace unos meses con una estudiante kirguiz me comentó que, aún siendo países vecinos, nunca había estado en China. En realidad, el paso desde Kirguistán hacia el Este es extremadamente complicado debido a la orografía de la región. Desiertos, montañas y junglas impenetrables rodean China por todos sus flancos salvo el marítimo y enmarcan una región que constituye el núcleo del imperio chino que se extiende por la llanura de su mitad oriental.
Sus disputas territoriales históricas se centran fuera de ese núcleo central, en la periferia. Los contenciosos territoriales con India en la región de Cachemira y de Arunachal Pradesh son, quizás, los más significativos que quedan y su verdadera importancia estriba más en la rivalidad entre los dos países y en el control de zonas estratégicas que en disputas fronterizas por la ocupación física del territorio.
La disolución de la Unión Soviética y el nacimiento de las repúblicas a las que da lugar supusieron, en principio un desafío a la estabilidad fronteriza entre Rusia, China y las repúblicas centroasiáticas. Sin embargo, el dialogo mantenido dentro del Grupo de “Los Cinco de Shanghái” no sólo consiguió delimitar las fronteras entre todos los países y reducir la tensión bélica en la zona sino que dio lugar a la Organización para la Cooperación de Shanghái, una de las instituciones más activas de los últimos años.
El giro político, económico y social que Deng Xiaoping propicia a finales de los años setenta hace que China se integre en una región particularmente convulsa como Extremo Oriente. Las relaciones con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) mezclan las tensiones propias de la disparidad de poderío con la necesidad y la conveniencia de colaboración. El agresivo crecimiento económico de los “tigres asiáticos” dio lugar al avance sigiloso del dragón chino.
Al Noreste, la situación en la península de Corea y los mares que la rodean será, seguro, referencia obligada para varios ponentes. Igual que las relaciones con un Japón estancado económicamente y que se mueve entre el mantenimiento de su privilegiada relación con los Estados Unidos y su integración en la región.
Los incidentes a propósito de la soberanía de las islas Diaoyu, llamadas Senkaku para los japoneses que implicaron a un pesquero chino y hasta tres patrulleras japonesas – de las que dos fueron abordadas por el pesquero – muestran el precario equilibrio que se mantiene en las cuestiones de soberanía en las aguas del Pacífico Occidental.
China tiene también sin definir la jurisdicción sobre las islas Spratly y sobre las Paracels, ambas en el Mar del Sur de China.
Pero el contencioso más importante que mantiene China es el de Taiwán. La isla de Formosa, refugio de Chiang Kai Shek y los nacionalistas tras la victoria de Mao, se mantiene separada pero no independiente. “Un país, dos sistemas” fue la fórmula empleada por Deng para definir la situación.
Las excepciones se multiplican en China con ciudades como Hong-Kong y zonas económicas especiales con un estatus mixto y una economía en ebullición.
China es un país étnicamente muy complejo. Si bien la Han es la raza dominante con un 92% del total, la política de “hijo único” que se aplica sólo a sus miembros está haciendo que este porcentaje vaya disminuyendo ligeramente. De entre el resto de las etnias presentes, los Uigures y los tibetanos representan las más significativas por la repercusión política que tienen y por la extensión e importancia de las regiones en las que se asientan tradicionalmente.
Han titulado esta charla “China un país de contrastes”; ciertamente, lo es. Nunca la economía de un país en vías de desarrollo se había situado en segundo lugar en el mundo y con previsiones muy halagüeñas respecto a pasar a ser el primero en breve.
País en desarrollo que presenta, sin embargo, una pirámide de población más propia de las sociedades del primer mundo. (Comentar asimetría de la pirámide respecto a los sexos y tamaño de la pirámide en cada escalón)
Socialmente, el fenómeno más importante que se está produciendo en China es el de la migración, tanto interior, como exterior. 52 millones de nacionales chinos viven fuera del país (peligro de fuga de cerebros) y cada año, durante la última década, se han creado 10’2 millones de empleos urbanos que han sido cubiertos por campesinos en lo que constituye, probablemente, el mayor éxodo de la historia.
Esta migración interna tiene mucho que ver con la estructura productiva que China persigue desde hace treinta años. La industrialización, las manufacturas y el sector de los servicios están creciendo a un ritmo incontenible creando, en ocasiones, desequilibrios graves entre las distintas regiones y entre las emergentes clases sociales urbanas. Las posibilidades que ofrece para empresas extranjeras y el mercado potencial para sus productos han hecho que muchas empresas se establezcan en China.
Son estos desequilibrios los que pretende atajar el XII Plan Quinquenal que acaba de aprobarse por la Asamblea Nacional. La creciente preocupación del Gobierno por el bienestar de sus ciudadanos tiene mucho que ver con la estabilidad del régimen pero eso no resta mérito a las medidas adoptadas. Esta estabilidad puede verse también condicionada por los relevos previstos en la cúpula del poder en los próximos meses y años y que suponen algo más que un cambio de caras ya que se perciben como un relevo generacional en el Partido.
Una buena muestra de la nueva tendencia es la actitud de China ante la situación de sus nacionales durante la crisis Libia. De entre los buques desplegados en el Índico para proteger el tráfico marítimo de la piratería, China destacó una moderna fragata de la Clase 54 frente a las costas libias. Se trataba de la primera vez que un buque de guerra chino cruzaba el Canal de Suez y entraba en el Mediterráneo. El propósito era coordinar la evacuación de 33.000 ciudadanos chinos que residían en Libia. Cuatro aviones Il-76 participaron también en la operación. El Gobierno estaba enviando un mensaje al mundo respecto de sus capacidades para operar en cualquier parte del Globo, pero también enviaba señales a su propio pueblo en las que indicaba su grado de preocupación por la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos.
Ciertamente, las manufacturas a bajo precio que todos conocemos han constituido el aspecto más llamativo de la economía china de los últimos años. Sin embargo, como sin duda nos contarán mañana, el modelo productivo está evolucionando rápidamente. La preocupación por la eficiencia energética y el medio ambiente y, sobre todo, por la generación de patentes que den valor añadido a los productos finales está cambiando el perfil de la industria china.
Por importante que sea, en cualquier caso, el aspecto industrial y su repercusión en la economía global, no lo es menos el peso de las finanzas. Las inversiones chinas a través de fondos soberanos y privados o de participaciones industriales están condicionando muchos aspectos de la economía mundial en varios sentidos.
Con tres billones de dólares en reservas en divisas (y un crecimiento respecto del año pasado del 24%), China es el mayor inversor mundial. Posee un billón de dólares en Bonos del Tesoro americanos y el Presidente Hu es recibido por Obama como el “banquero de América”. Sus inversiones en la deuda de los países europeos más afectados por la crisis no son, en absoluto, altruistas sino que suponen un punto de apoyo sobre el que colocar la palanca diplomática china en su momento. La preocupación actual de China es su exceso de reservas en divisas y la estabilidad de la deuda americana.
Hace sólo unas semanas, el vicepresidente del Banco Central chino podía afirmar:
“Como la mayor parte de los países, la política macroeconómica china tiene cuatro objetivos principales: Crecimiento económico, Pleno empleo, Estabilidad de precios y Equilibrio de la Balanza de Pagos. Con un crecimiento medio del 10’2% en la última década, más de 10 millones de empleos creados cada año (a nosotros nos bastaba crear empleo así durante seis meses, no diez años), una inflación que, en esa década estaba todavía en el 2’2% y que sólo ahora empieza a ser un problema, el único “pero” era que la Balanza de Pagos estaba absolutamente descompensada… a favor de China. Y eso, si no un problema económico, es un problema político.
A este respecto, hay que recordar que China ingresó en la Organización Mundial del Comercio hace sólo 9 años.
Sin duda, China es un país de contrastes. La segunda economía mundial no tiene una divisa convertible sino que tiene ligado el renmimbi al dólar estadounidense con unos márgenes de fluctuación más amplios de lo que algunos admiten pero absolutamente controlados por el Partido Comunista Chino. La pugna mundial se dirime tanto o más en los parqués y en las mesas de los Consejos de Dirección que en las aguas del Pacífico.
Hoy por hoy, el motor de esa economía es una mano de obra (780 millones de trabajadores) poco cualificada que acaba de asentarse en las ciudades, procedente del campo y con una tasa de ahorro del 45% de su PIB (comparada con un 5% escaso de Estados Unidos). El nuevo modelo que se pretende impulsar deberá ser capaz de seguir absorbiendo el incesante flujo de trabajadores al tiempo que incrementa su nivel de vida y, con él, el consumo interno y la calidad de la producción.
La crisis en que todavía estamos ha hundido a 50 millones de personas en todo el mundo por debajo del umbral de la pobreza en los últimos años. China, en la última década, ha sido capaz de sacar a 300 millones de debajo de dicho nivel. Un logro sin precedentes… y sin camino de retorno. Esos 300 millones de nuevos burgueses no van a aceptar retrocesos económicos y, una vez consolidados estos logros, empiezan a reclamar avances políticos y sociales acordes a su nuevo estatus.
Para mantener en marcha la maquinaria hacen falta inversiones, de dentro y de fuera. El “dinero caliente” procedente de inversores extranjeros deseosos de subirse al carro chino fluye sin cesar (el mes pasado, la Inversión Extranjera Directa se incrementó un 33% hasta los 12.500 millones de dólares). Hace falta investigación y desarrollo; el Partido ha ordenado incrementar exponencialmente el número de patentes nuevas cada año. De nuevo, la esperanza es que después de la cantidad aparezca la calidad.
También hace falta energía.
Cuando murió Mao, China era exportador neto de hidrocarburos. Desde entonces, la producción ha seguido incrementándose y, sin embargo, China importa la mitad de sus necesidades energéticas. Su apetito voraz se ha convertido en un tópico a estas alturas. El gas turkmeno, el petróleo iraní o saudí, angoleño o sudanés fluyen hacia las fábricas chinas sin cesar provocando efectos inflacionarios en el mundo entero. Los campos eólicos han comenzado a esparcirse por China como si estuvieran llevados por esporas. La preocupación por la contaminación, sobre todo de sus aguas, también ha propiciado el cierre de las fábricas menos eficientes y más contaminantes.
La política exterior china tiene claras estas necesidades. Junto a la presión diplomática respecto de la cuestión de “Una sola China”, los esfuerzos de su departamento de exteriores se vuelcan en el establecimiento de asentamientos industriales y logísticos en apoyo a sus importaciones.
El “Collar de Perlas” de instalaciones portuarias a lo largo del Índico son la muestra más evidente. El desarrollo de su Marina de Guerra y su despliegue en el Golfo de Adén, su manifestación más sorprendente.
Porque, si China es un país de contrastes, es en sus Fuerzas Armadas en uno de los ámbitos donde más se ponen éstos de manifiesto. La flotilla que, en 2.006, desplegó por primera vez frente a las aguas de Yemen y Somalia era la primera incursión de la Armada china fuera de los mares que llevan su nombre desde el siglo XVI, desde las famosas siete expediciones de Zheng He, alguna de ellas por estas mismas aguas.
País sorprendente con el segundo mayor presupuesto de defensa mundial pero inferior al sus fuerzas policiales y con una declarada vocación no intervencionista. Con una Marina que opera en todo el mundo pero que no tiene un solo portaaviones terminado. Ejército masivo hasta hace unos años que ha perdido casi un millón de efectivos con las progresivas reducciones y donde se prima en los últimos tiempos a la Fuerza Aérea y al Segundo Cuerpo de Artillería, la de los misiles estratégicos.
A salvo sus fronteras terrestres tras los acuerdos con los “Cinco de Shanghái”, el Ejército Popular de Liberación vuelca sus esfuerzos hacia el mar donde se siente constreñido por lo que define como las “Tres cadenas de islas” defensivas norteamericanas. Hacia el mar y hacia el espacio, donde ya ha colocado en órbita el octavo satélite de su constelación de GPS, el “Beidou” y hacia el Ciberespacio, al que se dice que dedica nada menos que 180 mil militares, el doble que los Estados Unidos.
Tenemos por delante tres jornadas realmente interesantes para conocer mejor China. Nuestro interés por ellos no debe ser menor que el que tienen ellos por nosotros. En el municipio de Lorca, en Murcia, se levanta el proyecto ZEIC, la Zona Especial de Inversiones Chinas. Una suerte de parque temático gigante junto a un enorme complejo hotelero y turístico y pegado a un superlativo parque empresarial y un gran centro de formación. Su objetivo es asesorar y centralizar las inversiones chinas en África, de la que está muy próximo, Europa, de la que forma parte e Iberoamérica, con la que comparte idioma y cultura.
Desde luego, China es un país de contrastes, contradicciones y paradojas. En el centro de Beijing, con 999 habitaciones, se levanta desde antiguo el Palacio Imperial. Una Ciudad Prohibida convertida en uno de los mayores reclamos turísticos.
No debería sorprendernos tanto que China esté alcanzando este nivel de penetración en los mercados, la cultura y la vida en general de todo el mundo. Si acaso, debería sorprendernos que un país que representa a la quinta parte de la población mundial, un pedazo significativo y creciente de su economía y una parte irrenunciable de su historia no haya tenido, hasta ahora, mayor presencia global.
Éste es un momento particularmente adecuado ya que acaba de publicarse el XII Plan Quinquenal y el séptimo Libro Blanco de la Defensa en lo que llevamos de año.
El título del Seminario, “China, el dragón ha despertado” no podría ser más adecuado. Los chinos hablan de un periodo oscuro, perdido, cuando se refieren al último siglo y pico desde que su contacto con Occidente les desplazó del lugar de preeminencia que dan por sentado que tienen que tener.
De hecho, China se llama a sí misma “El Imperio del Centro”, se considera históricamente la referencia regional, el pivote alrededor del que gira el mundo.
La misma geografía física del país le convierte en una isla dentro de un continente. Los accidentes geográficos que rodean a China hacen de ella un universo aparte. Hablando hace unos meses con una estudiante kirguiz me comentó que, aún siendo países vecinos, nunca había estado en China. En realidad, el paso desde Kirguistán hacia el Este es extremadamente complicado debido a la orografía de la región. Desiertos, montañas y junglas impenetrables rodean China por todos sus flancos salvo el marítimo y enmarcan una región que constituye el núcleo del imperio chino que se extiende por la llanura de su mitad oriental.
Sus disputas territoriales históricas se centran fuera de ese núcleo central, en la periferia. Los contenciosos territoriales con India en la región de Cachemira y de Arunachal Pradesh son, quizás, los más significativos que quedan y su verdadera importancia estriba más en la rivalidad entre los dos países y en el control de zonas estratégicas que en disputas fronterizas por la ocupación física del territorio.
La disolución de la Unión Soviética y el nacimiento de las repúblicas a las que da lugar supusieron, en principio un desafío a la estabilidad fronteriza entre Rusia, China y las repúblicas centroasiáticas. Sin embargo, el dialogo mantenido dentro del Grupo de “Los Cinco de Shanghái” no sólo consiguió delimitar las fronteras entre todos los países y reducir la tensión bélica en la zona sino que dio lugar a la Organización para la Cooperación de Shanghái, una de las instituciones más activas de los últimos años.
El giro político, económico y social que Deng Xiaoping propicia a finales de los años setenta hace que China se integre en una región particularmente convulsa como Extremo Oriente. Las relaciones con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) mezclan las tensiones propias de la disparidad de poderío con la necesidad y la conveniencia de colaboración. El agresivo crecimiento económico de los “tigres asiáticos” dio lugar al avance sigiloso del dragón chino.
Al Noreste, la situación en la península de Corea y los mares que la rodean será, seguro, referencia obligada para varios ponentes. Igual que las relaciones con un Japón estancado económicamente y que se mueve entre el mantenimiento de su privilegiada relación con los Estados Unidos y su integración en la región.
Los incidentes a propósito de la soberanía de las islas Diaoyu, llamadas Senkaku para los japoneses que implicaron a un pesquero chino y hasta tres patrulleras japonesas – de las que dos fueron abordadas por el pesquero – muestran el precario equilibrio que se mantiene en las cuestiones de soberanía en las aguas del Pacífico Occidental.
China tiene también sin definir la jurisdicción sobre las islas Spratly y sobre las Paracels, ambas en el Mar del Sur de China.
Pero el contencioso más importante que mantiene China es el de Taiwán. La isla de Formosa, refugio de Chiang Kai Shek y los nacionalistas tras la victoria de Mao, se mantiene separada pero no independiente. “Un país, dos sistemas” fue la fórmula empleada por Deng para definir la situación.
Las excepciones se multiplican en China con ciudades como Hong-Kong y zonas económicas especiales con un estatus mixto y una economía en ebullición.
China es un país étnicamente muy complejo. Si bien la Han es la raza dominante con un 92% del total, la política de “hijo único” que se aplica sólo a sus miembros está haciendo que este porcentaje vaya disminuyendo ligeramente. De entre el resto de las etnias presentes, los Uigures y los tibetanos representan las más significativas por la repercusión política que tienen y por la extensión e importancia de las regiones en las que se asientan tradicionalmente.
Han titulado esta charla “China un país de contrastes”; ciertamente, lo es. Nunca la economía de un país en vías de desarrollo se había situado en segundo lugar en el mundo y con previsiones muy halagüeñas respecto a pasar a ser el primero en breve.
País en desarrollo que presenta, sin embargo, una pirámide de población más propia de las sociedades del primer mundo. (Comentar asimetría de la pirámide respecto a los sexos y tamaño de la pirámide en cada escalón)
Socialmente, el fenómeno más importante que se está produciendo en China es el de la migración, tanto interior, como exterior. 52 millones de nacionales chinos viven fuera del país (peligro de fuga de cerebros) y cada año, durante la última década, se han creado 10’2 millones de empleos urbanos que han sido cubiertos por campesinos en lo que constituye, probablemente, el mayor éxodo de la historia.
Esta migración interna tiene mucho que ver con la estructura productiva que China persigue desde hace treinta años. La industrialización, las manufacturas y el sector de los servicios están creciendo a un ritmo incontenible creando, en ocasiones, desequilibrios graves entre las distintas regiones y entre las emergentes clases sociales urbanas. Las posibilidades que ofrece para empresas extranjeras y el mercado potencial para sus productos han hecho que muchas empresas se establezcan en China.
Son estos desequilibrios los que pretende atajar el XII Plan Quinquenal que acaba de aprobarse por la Asamblea Nacional. La creciente preocupación del Gobierno por el bienestar de sus ciudadanos tiene mucho que ver con la estabilidad del régimen pero eso no resta mérito a las medidas adoptadas. Esta estabilidad puede verse también condicionada por los relevos previstos en la cúpula del poder en los próximos meses y años y que suponen algo más que un cambio de caras ya que se perciben como un relevo generacional en el Partido.
Una buena muestra de la nueva tendencia es la actitud de China ante la situación de sus nacionales durante la crisis Libia. De entre los buques desplegados en el Índico para proteger el tráfico marítimo de la piratería, China destacó una moderna fragata de la Clase 54 frente a las costas libias. Se trataba de la primera vez que un buque de guerra chino cruzaba el Canal de Suez y entraba en el Mediterráneo. El propósito era coordinar la evacuación de 33.000 ciudadanos chinos que residían en Libia. Cuatro aviones Il-76 participaron también en la operación. El Gobierno estaba enviando un mensaje al mundo respecto de sus capacidades para operar en cualquier parte del Globo, pero también enviaba señales a su propio pueblo en las que indicaba su grado de preocupación por la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos.
Ciertamente, las manufacturas a bajo precio que todos conocemos han constituido el aspecto más llamativo de la economía china de los últimos años. Sin embargo, como sin duda nos contarán mañana, el modelo productivo está evolucionando rápidamente. La preocupación por la eficiencia energética y el medio ambiente y, sobre todo, por la generación de patentes que den valor añadido a los productos finales está cambiando el perfil de la industria china.
Por importante que sea, en cualquier caso, el aspecto industrial y su repercusión en la economía global, no lo es menos el peso de las finanzas. Las inversiones chinas a través de fondos soberanos y privados o de participaciones industriales están condicionando muchos aspectos de la economía mundial en varios sentidos.
Con tres billones de dólares en reservas en divisas (y un crecimiento respecto del año pasado del 24%), China es el mayor inversor mundial. Posee un billón de dólares en Bonos del Tesoro americanos y el Presidente Hu es recibido por Obama como el “banquero de América”. Sus inversiones en la deuda de los países europeos más afectados por la crisis no son, en absoluto, altruistas sino que suponen un punto de apoyo sobre el que colocar la palanca diplomática china en su momento. La preocupación actual de China es su exceso de reservas en divisas y la estabilidad de la deuda americana.
Hace sólo unas semanas, el vicepresidente del Banco Central chino podía afirmar:
“Como la mayor parte de los países, la política macroeconómica china tiene cuatro objetivos principales: Crecimiento económico, Pleno empleo, Estabilidad de precios y Equilibrio de la Balanza de Pagos. Con un crecimiento medio del 10’2% en la última década, más de 10 millones de empleos creados cada año (a nosotros nos bastaba crear empleo así durante seis meses, no diez años), una inflación que, en esa década estaba todavía en el 2’2% y que sólo ahora empieza a ser un problema, el único “pero” era que la Balanza de Pagos estaba absolutamente descompensada… a favor de China. Y eso, si no un problema económico, es un problema político.
A este respecto, hay que recordar que China ingresó en la Organización Mundial del Comercio hace sólo 9 años.
Sin duda, China es un país de contrastes. La segunda economía mundial no tiene una divisa convertible sino que tiene ligado el renmimbi al dólar estadounidense con unos márgenes de fluctuación más amplios de lo que algunos admiten pero absolutamente controlados por el Partido Comunista Chino. La pugna mundial se dirime tanto o más en los parqués y en las mesas de los Consejos de Dirección que en las aguas del Pacífico.
Hoy por hoy, el motor de esa economía es una mano de obra (780 millones de trabajadores) poco cualificada que acaba de asentarse en las ciudades, procedente del campo y con una tasa de ahorro del 45% de su PIB (comparada con un 5% escaso de Estados Unidos). El nuevo modelo que se pretende impulsar deberá ser capaz de seguir absorbiendo el incesante flujo de trabajadores al tiempo que incrementa su nivel de vida y, con él, el consumo interno y la calidad de la producción.
La crisis en que todavía estamos ha hundido a 50 millones de personas en todo el mundo por debajo del umbral de la pobreza en los últimos años. China, en la última década, ha sido capaz de sacar a 300 millones de debajo de dicho nivel. Un logro sin precedentes… y sin camino de retorno. Esos 300 millones de nuevos burgueses no van a aceptar retrocesos económicos y, una vez consolidados estos logros, empiezan a reclamar avances políticos y sociales acordes a su nuevo estatus.
Para mantener en marcha la maquinaria hacen falta inversiones, de dentro y de fuera. El “dinero caliente” procedente de inversores extranjeros deseosos de subirse al carro chino fluye sin cesar (el mes pasado, la Inversión Extranjera Directa se incrementó un 33% hasta los 12.500 millones de dólares). Hace falta investigación y desarrollo; el Partido ha ordenado incrementar exponencialmente el número de patentes nuevas cada año. De nuevo, la esperanza es que después de la cantidad aparezca la calidad.
También hace falta energía.
Cuando murió Mao, China era exportador neto de hidrocarburos. Desde entonces, la producción ha seguido incrementándose y, sin embargo, China importa la mitad de sus necesidades energéticas. Su apetito voraz se ha convertido en un tópico a estas alturas. El gas turkmeno, el petróleo iraní o saudí, angoleño o sudanés fluyen hacia las fábricas chinas sin cesar provocando efectos inflacionarios en el mundo entero. Los campos eólicos han comenzado a esparcirse por China como si estuvieran llevados por esporas. La preocupación por la contaminación, sobre todo de sus aguas, también ha propiciado el cierre de las fábricas menos eficientes y más contaminantes.
La política exterior china tiene claras estas necesidades. Junto a la presión diplomática respecto de la cuestión de “Una sola China”, los esfuerzos de su departamento de exteriores se vuelcan en el establecimiento de asentamientos industriales y logísticos en apoyo a sus importaciones.
El “Collar de Perlas” de instalaciones portuarias a lo largo del Índico son la muestra más evidente. El desarrollo de su Marina de Guerra y su despliegue en el Golfo de Adén, su manifestación más sorprendente.
Porque, si China es un país de contrastes, es en sus Fuerzas Armadas en uno de los ámbitos donde más se ponen éstos de manifiesto. La flotilla que, en 2.006, desplegó por primera vez frente a las aguas de Yemen y Somalia era la primera incursión de la Armada china fuera de los mares que llevan su nombre desde el siglo XVI, desde las famosas siete expediciones de Zheng He, alguna de ellas por estas mismas aguas.
País sorprendente con el segundo mayor presupuesto de defensa mundial pero inferior al sus fuerzas policiales y con una declarada vocación no intervencionista. Con una Marina que opera en todo el mundo pero que no tiene un solo portaaviones terminado. Ejército masivo hasta hace unos años que ha perdido casi un millón de efectivos con las progresivas reducciones y donde se prima en los últimos tiempos a la Fuerza Aérea y al Segundo Cuerpo de Artillería, la de los misiles estratégicos.
A salvo sus fronteras terrestres tras los acuerdos con los “Cinco de Shanghái”, el Ejército Popular de Liberación vuelca sus esfuerzos hacia el mar donde se siente constreñido por lo que define como las “Tres cadenas de islas” defensivas norteamericanas. Hacia el mar y hacia el espacio, donde ya ha colocado en órbita el octavo satélite de su constelación de GPS, el “Beidou” y hacia el Ciberespacio, al que se dice que dedica nada menos que 180 mil militares, el doble que los Estados Unidos.
Tenemos por delante tres jornadas realmente interesantes para conocer mejor China. Nuestro interés por ellos no debe ser menor que el que tienen ellos por nosotros. En el municipio de Lorca, en Murcia, se levanta el proyecto ZEIC, la Zona Especial de Inversiones Chinas. Una suerte de parque temático gigante junto a un enorme complejo hotelero y turístico y pegado a un superlativo parque empresarial y un gran centro de formación. Su objetivo es asesorar y centralizar las inversiones chinas en África, de la que está muy próximo, Europa, de la que forma parte e Iberoamérica, con la que comparte idioma y cultura.
Desde luego, China es un país de contrastes, contradicciones y paradojas. En el centro de Beijing, con 999 habitaciones, se levanta desde antiguo el Palacio Imperial. Una Ciudad Prohibida convertida en uno de los mayores reclamos turísticos.
No debería sorprendernos tanto que China esté alcanzando este nivel de penetración en los mercados, la cultura y la vida en general de todo el mundo. Si acaso, debería sorprendernos que un país que representa a la quinta parte de la población mundial, un pedazo significativo y creciente de su economía y una parte irrenunciable de su historia no haya tenido, hasta ahora, mayor presencia global.
Out of Asia
As published at OpenDemocracy.net
Ángel Gómez-de-Ágreda, 4 June 2010
The meeting of the Shanghai Cooperation Organisation could hail a realignment of power politics in Asia, argues Ángel Gómez-de-Ágreda
Meryl Streep and Robert Redford will probably not be starring in this movie. In fact, this is a decidedly anti-Hollywood affair (the US having been rejected in 2005), though it could be Bollywood's next super-hit; India is poised to finally join the SCO (Shanghai Cooperation Organisation).
The SCO is meeting next week and they are most likely going to decide on the terms for allowing other nations to join the Organisation. India is the most likely candidate to be the first to exchange its observer status for full membership.
If India was to join the SCO – and more so if Pakistan did too – a radically different scenario would emerge. Regional rivalries and border conflicts between the two giants would be provided with a forum to be discussed peacefully and common goals would probably diminish the impact of former hostilities.
India could benefit from the group's shared interest in stopping radical and terrorist groups and synergies could be found to further develop the energy network which is already being developed among SCO members.
Seen by some as an anti-western partnership, the SCO has proven a solid institution so far. Its declared aim is to maintain stability in and around the nations which take part in it. The main goals are to fight separatism, terrorism and extremism. Non-interference in inner matters is, nonetheless, of paramount importance in its philosophy. The recent events in Kyrgyzstan fall entirely into its domains.
Custom made to meet the needs of a turbulent region, the SCO has become the key organization in Asia. Including Russia, China and the “stans” which emerged from the collapse of the Soviet Union, it serves also as a confidence-building institution in a region which could definitely use a lot of it. Unlike the European Union, which was born as an economic institution and is now developing a security and foreign affairs body, the SCO was founded as a security organization and developed very quickly into a forum for economic cooperation among member states.
A few military exercises have been executed by the SCO during the last few years. Although it is not meant to be a defence organization, it has shown an interest in the situation in Afghanistan and could very well play a role in the stabilization of the country. The conflict, after all, is not circumscribed to that country alone but is felt by many of its neighbours with which the Taliban have links.
Asia’s self-awareness in embedded in the spirit of the organization. Catalyzed by the massive presence of the US in the continent, the SCO claims that it is not an anti-American or anti-western institution, but one that seeks “Asia for the Asians”, a replica of the Monroe Doctrine in America. That perception could change if Iran – also a candidate – joined the organization anytime soon.
While the SCO tries to push the US out of Asia, the new National Security Strategy developed by President Obama’s administration remains ambiguous as to the US desired role in Asia. While it acknowledges that the world cannot and must not be ruled from a single capital, it still seeks universal leadership and makes this ambition its key point.
Many of the institutions which have led us to the present through the dark years of the Cold War are useless or counterproductive today. The SCO is a more modern concept far better suited for the global world. Ad-hoc groups and initiatives make much more sense than old-fashioned, western-led groups.
New powers are challenging the need for the US to lead all initiatives time and again. The deal brokered by Turkey and Brazil regarding the enrichment of Iranian uranium is but the most prominent example. The US should grow accustomed to these deals even if it is contrary to the doctrine expressed in the new National Security Strategy which claims that nothing can be achieved without the US.
SCO heads of state meet in Tajikistan, August 2008. Wikimedia/Kremlin.ru
The world should no longer be conceived as the competition of the west against the rest. Firstly, it is not in the west's best interest to pursue that line of action. Secondly, it is no longer clear that the west would prevail. The US may be ready to lead, but there are many nations willing to contribute in their own right. A more cooperative approach is needed to solve the many challenges facing the world today.
The only rules the nations of the world will accept are those which apply to all. Gone are the days in which there were nations with rights and nations with duties. Most of the wars we are fighting today derive from that same notion of colonial times and are precisely those which are going to meet more opposition.
Also, it remains to be seen whether the SCO would survive an eventual withdrawal of the US from Asia. Deprived of that raison d’etre, tension could grow unbearable between the different powers.
For the time being, the writing is on the wall; cooperation is a necessity in Asia. Crises are arising throughout the continent, from Israel to Korea, and no single nation can face all of them at the same time.
Ángel Gómez-de-Ágreda, 4 June 2010
The meeting of the Shanghai Cooperation Organisation could hail a realignment of power politics in Asia, argues Ángel Gómez-de-Ágreda
Meryl Streep and Robert Redford will probably not be starring in this movie. In fact, this is a decidedly anti-Hollywood affair (the US having been rejected in 2005), though it could be Bollywood's next super-hit; India is poised to finally join the SCO (Shanghai Cooperation Organisation).
The SCO is meeting next week and they are most likely going to decide on the terms for allowing other nations to join the Organisation. India is the most likely candidate to be the first to exchange its observer status for full membership.
If India was to join the SCO – and more so if Pakistan did too – a radically different scenario would emerge. Regional rivalries and border conflicts between the two giants would be provided with a forum to be discussed peacefully and common goals would probably diminish the impact of former hostilities.
India could benefit from the group's shared interest in stopping radical and terrorist groups and synergies could be found to further develop the energy network which is already being developed among SCO members.
Seen by some as an anti-western partnership, the SCO has proven a solid institution so far. Its declared aim is to maintain stability in and around the nations which take part in it. The main goals are to fight separatism, terrorism and extremism. Non-interference in inner matters is, nonetheless, of paramount importance in its philosophy. The recent events in Kyrgyzstan fall entirely into its domains.
Custom made to meet the needs of a turbulent region, the SCO has become the key organization in Asia. Including Russia, China and the “stans” which emerged from the collapse of the Soviet Union, it serves also as a confidence-building institution in a region which could definitely use a lot of it. Unlike the European Union, which was born as an economic institution and is now developing a security and foreign affairs body, the SCO was founded as a security organization and developed very quickly into a forum for economic cooperation among member states.
A few military exercises have been executed by the SCO during the last few years. Although it is not meant to be a defence organization, it has shown an interest in the situation in Afghanistan and could very well play a role in the stabilization of the country. The conflict, after all, is not circumscribed to that country alone but is felt by many of its neighbours with which the Taliban have links.
Asia’s self-awareness in embedded in the spirit of the organization. Catalyzed by the massive presence of the US in the continent, the SCO claims that it is not an anti-American or anti-western institution, but one that seeks “Asia for the Asians”, a replica of the Monroe Doctrine in America. That perception could change if Iran – also a candidate – joined the organization anytime soon.
While the SCO tries to push the US out of Asia, the new National Security Strategy developed by President Obama’s administration remains ambiguous as to the US desired role in Asia. While it acknowledges that the world cannot and must not be ruled from a single capital, it still seeks universal leadership and makes this ambition its key point.
Many of the institutions which have led us to the present through the dark years of the Cold War are useless or counterproductive today. The SCO is a more modern concept far better suited for the global world. Ad-hoc groups and initiatives make much more sense than old-fashioned, western-led groups.
New powers are challenging the need for the US to lead all initiatives time and again. The deal brokered by Turkey and Brazil regarding the enrichment of Iranian uranium is but the most prominent example. The US should grow accustomed to these deals even if it is contrary to the doctrine expressed in the new National Security Strategy which claims that nothing can be achieved without the US.
SCO heads of state meet in Tajikistan, August 2008. Wikimedia/Kremlin.ru
The world should no longer be conceived as the competition of the west against the rest. Firstly, it is not in the west's best interest to pursue that line of action. Secondly, it is no longer clear that the west would prevail. The US may be ready to lead, but there are many nations willing to contribute in their own right. A more cooperative approach is needed to solve the many challenges facing the world today.
The only rules the nations of the world will accept are those which apply to all. Gone are the days in which there were nations with rights and nations with duties. Most of the wars we are fighting today derive from that same notion of colonial times and are precisely those which are going to meet more opposition.
Also, it remains to be seen whether the SCO would survive an eventual withdrawal of the US from Asia. Deprived of that raison d’etre, tension could grow unbearable between the different powers.
For the time being, the writing is on the wall; cooperation is a necessity in Asia. Crises are arising throughout the continent, from Israel to Korea, and no single nation can face all of them at the same time.
Losing more than Afghanistan
As published at OpenDemocracy.net
Ángel Gómez-de-Ágreda, 14 July 2010
The war in Afghanistan could leave Nato powers excluded from the whole of central Asia, argues Ángel Gómez-de-Ágreda.
Overoptimistic calculations by western powers estimate that we are losing the war in Afghanistan. Far from it, we are losing the whole of Asia and, what is even worse, the credibility of the Alliance and the values it defends.
The excellent remarks by Valey Arya, in openDemocracy’s “Afghanistan: one conflict, three faces”, help us understand the depth and width of this war. Most analyses fail to see the whole picture and what it is at stake here. Not that the image is blurred or obscured, it is just that we do not dare look at all the implications. A mere glance at the map shows how Afghanistan seems to stretch itself so that it is in contact with so many troubled nations and regions, as if it delighted itself with problems.
Man has been making war in basically the same way for millennia. We have tried to disguise it with a coating of respectability and make it look “more human”. Where did we get the notion that “human” meant bloodless? Even worse, how could we ever think that we could “civilize” war? War is about winning or losing and there is no greater nonsense than a war between someone who has nothing to lose and he who has nothing to gain.
Most of Asia is sitting on the stands of the Afghan stadium watching this absurd game and sounding their vuvuzelas. NATO and the US are defeating themselves at a very low cost for competing powers.
Not even the business opportunity represented by the announcement of the trillion dollars worth of mineral riches in Afghan soil has increased interest in the country. Even McChrystal’s sacking had more media coverage.
Neighbours benefit from Afghanistan not using all of its water for lack of infrastructure but they gain little more than that. The rest of the “stans” to the north have to endure Islamic extremists sheltering there and opening new franchises in central Asia. Tension is also derived from the US presence at Manas Airport, with the Russians staying only a few dozen miles away at Kant and agreements built and broken on usage rights.
While the situation lasts, resources coming from the “stans” cannot travel south and they are stuck with Russia and China as their only markets or transit routes. The gas and oil pipelines projected to link Iran, China, Pakistan and India are on hold, to the delight of the other regional powers.
Pakistan fears that ethnic realignment will split the country in three. That would not only benefit India, but probably China also. Colonial borders negotiated under the British (the Durand Line, in this case) did not take into account realities on the ground and most of the wars fought by the western powers these last decades are the result of HMG’s policy back then.
Paul Rogers argues that NATO and the US are not seen as neutral although their citizens think of themselves as saviors of the universe, the white-hat cowboys of the movies. While they will continued to be as such for the foreseeable future, there is an increasing portion of the population who are no longer under the illusion.
There is nothing left to be gained in Afghanistan. Not at a reasonable price. NATO is staking its own credibility in a lose-or-lose game. In a previous article I wrote about the interest of Asian nations in getting rid of US presence in Asia. They will not push the coalition out of Afghanistan but rejoice in its failure and profit from the outcome.
The west has overstretched itself for years focusing on military power while the east was growing stronger. NATO is the strongest alliance on earth but can ill-afford to challenge Asia in Asia. No one can win that fight.
A fourth way out of Afghanistan might be possible. Ideally, it would include the Shanghai Cooperation Organization taking charge of the stabilization process with some Alliance forces ready to cleanse emerging terrorist havens. Ad-hoc Special Operations are preferable to a massive presence, leaving a very shallow logistical footprint while aid could be withdrawn in favour of trade.
We are bound to choose the lesser of two evils. The choice is either quitting or being defeated. And we need to keep in mind that there is far more at stake than Afghanistan itself. The strategic fate of the whole of central Asia, the keystone of what Halford Mackinder called the Heartland, is mostly dependent on what happens here.
Ángel Gómez-de-Ágreda, 14 July 2010
The war in Afghanistan could leave Nato powers excluded from the whole of central Asia, argues Ángel Gómez-de-Ágreda.
Overoptimistic calculations by western powers estimate that we are losing the war in Afghanistan. Far from it, we are losing the whole of Asia and, what is even worse, the credibility of the Alliance and the values it defends.
The excellent remarks by Valey Arya, in openDemocracy’s “Afghanistan: one conflict, three faces”, help us understand the depth and width of this war. Most analyses fail to see the whole picture and what it is at stake here. Not that the image is blurred or obscured, it is just that we do not dare look at all the implications. A mere glance at the map shows how Afghanistan seems to stretch itself so that it is in contact with so many troubled nations and regions, as if it delighted itself with problems.
Man has been making war in basically the same way for millennia. We have tried to disguise it with a coating of respectability and make it look “more human”. Where did we get the notion that “human” meant bloodless? Even worse, how could we ever think that we could “civilize” war? War is about winning or losing and there is no greater nonsense than a war between someone who has nothing to lose and he who has nothing to gain.
Most of Asia is sitting on the stands of the Afghan stadium watching this absurd game and sounding their vuvuzelas. NATO and the US are defeating themselves at a very low cost for competing powers.
Not even the business opportunity represented by the announcement of the trillion dollars worth of mineral riches in Afghan soil has increased interest in the country. Even McChrystal’s sacking had more media coverage.
Neighbours benefit from Afghanistan not using all of its water for lack of infrastructure but they gain little more than that. The rest of the “stans” to the north have to endure Islamic extremists sheltering there and opening new franchises in central Asia. Tension is also derived from the US presence at Manas Airport, with the Russians staying only a few dozen miles away at Kant and agreements built and broken on usage rights.
While the situation lasts, resources coming from the “stans” cannot travel south and they are stuck with Russia and China as their only markets or transit routes. The gas and oil pipelines projected to link Iran, China, Pakistan and India are on hold, to the delight of the other regional powers.
Pakistan fears that ethnic realignment will split the country in three. That would not only benefit India, but probably China also. Colonial borders negotiated under the British (the Durand Line, in this case) did not take into account realities on the ground and most of the wars fought by the western powers these last decades are the result of HMG’s policy back then.
Paul Rogers argues that NATO and the US are not seen as neutral although their citizens think of themselves as saviors of the universe, the white-hat cowboys of the movies. While they will continued to be as such for the foreseeable future, there is an increasing portion of the population who are no longer under the illusion.
There is nothing left to be gained in Afghanistan. Not at a reasonable price. NATO is staking its own credibility in a lose-or-lose game. In a previous article I wrote about the interest of Asian nations in getting rid of US presence in Asia. They will not push the coalition out of Afghanistan but rejoice in its failure and profit from the outcome.
The west has overstretched itself for years focusing on military power while the east was growing stronger. NATO is the strongest alliance on earth but can ill-afford to challenge Asia in Asia. No one can win that fight.
A fourth way out of Afghanistan might be possible. Ideally, it would include the Shanghai Cooperation Organization taking charge of the stabilization process with some Alliance forces ready to cleanse emerging terrorist havens. Ad-hoc Special Operations are preferable to a massive presence, leaving a very shallow logistical footprint while aid could be withdrawn in favour of trade.
We are bound to choose the lesser of two evils. The choice is either quitting or being defeated. And we need to keep in mind that there is far more at stake than Afghanistan itself. The strategic fate of the whole of central Asia, the keystone of what Halford Mackinder called the Heartland, is mostly dependent on what happens here.
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